Una pequeña luz en Corea, pero malas noticias desde China

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Las novedades políticas concernientes a las dos Coreas han encendido nuevas esperanzas sobre la suerte de la Iglesia católica en la de Norte. Corea del Sur es el único país asiático en el que el catolicismo está en expansión. Pero en Corea del Norte, con la llegada de la dictadura comunista, se eliminó todo rastro visible del mismo. Las 57 parroquias que había, desaparecieron. Y el cardenal Andrea Yeom Soo-jun, arzobispo de Seúl, nunca ha podido pisar el norte del paralelo 38, aun siendo el administrador apostólico de Pyongyang, capital de la otra Corea.

El 4 de mayo, el cardenal Yeom ha concedido una entrevista al ex embajador de Seúl ante la Santa Sede, Thomas Han, publicada por “Asia News”, la agencia online del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras. Y no ha excluido que, a pesar de todo, en el Norte siga habiendo “fieles laicos que siguen viviendo su fe y custodian el recuerdo de la vida sacramental”. Su esperanza, ha dicho, es que puedan “volver a vivir plenamente la fe en el seno de la Iglesia lo antes posible”.

En otras palabras, el cardenal surcoreano, pero no solo él, está convencido que en Corea del Norte puede haber “cristianos escondidos” como los que conservaron viva la fe durante dos siglos en Japón, bajo la persecución, sin sacerdotes ni obispos. Y un día, si se abren espacios de libertad, podrían salir a la luz.

Preguntado recientemente sobre Corea del Norte, también el cardenal secretario de estado Pietro Parolin ha expresado su confianza en un desarrollo político positivo. Pero no ha dicho nada sobre el futuro de la Iglesia.

Más bien al contrario. Ha mostrado cautela también respecto al destino de la Iglesia católica en la vecina China. A la pregunta: “¿En qué punto están las negociaciones de la Santa Sede con el gobierno chino?” su respuesta ha sido:

“El diálogo procede desde hace tiempo, con mucha paciencia y con éxitos y fracasos. Alguien ha dicho: es como el ‘baile de San Vito”, dos pasos adelante y uno atrás. A pesar de todo vamos adelante, esto es lo importante”.

Es una respuesta que parece querer frenar la impaciencia de quien sigue animando al “inminente” acuerdo entre Roma y Pekín respecto al proceso de nombramiento de los obispos.

Parolin ha insistito sobre la “libertad religiosa” como verdadero objetivo de las negociaciones. Una libertad que en China no existe, porque si existiera, ha dicho, “no se necesitarían negociaciones”.

Efectivamente, las noticias que nos llegan de China en estas últimas semanas no son en absoluto alentadoras.

El 20 de abril, “Asia News” y “UCA News” publicaron unos informes dramáticos sobre la oleada represiva que está golpeando a la comunidad católica en la provincia de Henan.

Henan es considerada, tradicionalmente, la cuna de la civilización china. Ocupa la gran llanura que está a medio camino entre Pekín y Shanghai, y tiene 100 millones de habitantes. Los católicos son una pequeña minoría. Sólo una de la decena de diócesis, la de Anyang,  está gobernada por un obispo reconocido por el gobierno chino; las otras están vacantes o tienen a la cabeza obispos “clandestinos”, sin reconocimiento oficial.

Pero la represión se abate sobre todas sin distinción. En Anyang, a pesar de que el obispo sea “oficial”, se ha irrumpido en las iglesias, se han derribado cruces, se ha cerrado una escuela infantil y en las puertas de la catedral se ha colgado la prohibición de entrada a los menores de 18 años; una prohibición que, por desgracia, ya es válida en toda China y que cada vez se aplica más a todo tipo de “educación religiosa”, no sólo en las iglesias, sino también en las aulas de catequesis y en los colegios.

En Zhengzhou, donde la diócesis está vacante, las fuerzas de seguridad han hecho irrupción en la iglesia incluso en el día de Pascua, durante la misa, para sacar a la fuerza a los niños. A partir de entonces hay guardias en la puerta para impedir la entrada también a las madres con sus hijos en brazos.

En la diócesis de Luoyang, la tumba del obispo Li Hongye, fallecido en 2011 tras haber pasado muchos años en trabajos forzados o bajo arresto, ha sido destruida. Y han arrasado una iglesia en la aldea de Hutuo.

En la diócesis de Zhumadian, se ha cerrado y sellado la iglesia de Gadazhang.

 

Con un comentario del director de “Asia News”, el padre Bernardo Cervellera:

Si esto es lo que hacen las autoridades chinas en plenas negociaciones con la Santa Sede, se puede comprender la cautela del cardenal Parolin.

Como también la firme oposición del cardenal Zen Zekiun, obispo emérito de Hong Kong, a un acuerdo que, visto el comportamiento de la otra parte, en realidad significaría para la Iglesia ceder, “con todo para perder y nada para ganar”.

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A propósito de la negociación entre la Santa Sede y China acerca del procedimiento de nombramiento de los futuros obispos, hay que recordar que el pasado  29 de marzo, el director de la sala de prensa vaticana Greg Burke declaró oficialmente -respondiendo a las preguntas de los periodistas- que  “no hay ninguna firma ‘inminente’ de un acuerdo entre la Santa Sede y la República Popular china”.

El 2 de mayo, el jesuita Bern Hagenkord, director de la sección alemana de Radio Vaticana, volvió sobre este tema con un curioso artículo en Vatican News que no proporciona nuevas noticias, pero que subraya –incluso en el título– que la negociación sobre el nombramiento de los obispos  “no es un golpe de varita mágica” que puede resolver todos los problemas existentes.

Está claro que el padre Hagenkord y el director efectivo de  Vatican News, monseñor Dario Viganò, no han valorado el impacto que tiene en China la expresión “varita mágica”. Efectivamente, no han faltado reacciones polémicas, sobre todo por parte del sacerdote bloguero Shan Ren Shen Fu, que ha lamentado que con este artículo el Vaticano haya caído en un lenguaje de bajo nivel, dando a entender que  “en las negociaciones siempre ha sido arrogante”.

De hecho, en China la expresión “varita mágica” significa  “bastón del diablo”.

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Cambiando de tema, en la misma entrevista citada anteriormente, el cardenal Parolin se ha expresado también sobre el caso del pequeño Alfie Evans:

Me ha causado una enorme tristeza: ante una disponibilidad manifestada abiertamente, en muchas ocasiones y con gran cantidad de medios -los médicos de nuestro Hospital Niño Jesús se han desplazado tres veces a Liverpool-, se ha negado el permiso para que Alfie fuera trasladado a Italia. Este es el punto que más me ha afectado, tocado. No consigo comprender el motivo. O tal vez lo  hay y es una lógica terrible.

Por parte del Papa y de la Santa Sede se ha intentado todo lo posible para ayudar a la familia y garantizar al niño un acompañamiento durante su enfermedad, a pesar del mal pronóstico. […] Ahora que el caso se ha cerrado y los medios de comunicación se olvidarán de él rápidamente, sería necesario reflexionar con serenidad.

Volverán a presentarse casos como éste. Todos juntos, partiendo de puntos de vista distintos, pero también con la contribución de los creyentes, deberíamos intentar dar una respuesta verdaderamente humana a estas situaciones, una respuesta fundada sobre el amor a la persona, el respeto a su dignidad y su unicidad“.

 

Sandro Magister, L’Espresso – 7 mayo 2018

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