Una farmacéutica valiente en defensa de la vida

Cristina Siccardipublicado el

Se dice que el conocimiento es garantía de protección, pues bien, en estos días ha surgido un caso que debe ser dado a conocer lo más ampliamente posible y que dice respecto a la defensa de la vida, cuya 43ª Jornada Nacional de la Conferencia Episcopal italiana fue celebrada el 7 de febrero ppdo. y que verá en la Marcha por la Vida del 22 de mayo de este año en Roma el reclamo más firme y decidido a decir una y otra vez que la persona comienza a vivir desde su concepción.

Precisamente en estos días se ha alzado una voz que, con coherencia científica y valentía, ha adoptado una firme posición. Se trata de la Dra. Maria Rosaria D’Atri, que realiza su servicio en la farmacia a 5 kilómetros de Lucca, en la localidad de Cappella, en la carretera que conduce a Camaiore. Claramente consciente de que la llamada «píldora del día después» no es un simple «anticonceptivo de emergencia», como la define la Asociación Italiana de Medicamentos (HAIFA), sino un dispositivo abortivo, ella apareció en las noticias de los periódicos debido a una protesta feminista. La farmacia de Lucca no tiene esta píldora y precisamente por ello una representación del movimiento «Ni una menos» protagonizó una provocación con muchos folletos difundidos en la calle frente al centro de salud y con pancartas. Algunos medios de comunicación difundieron la noticia sin ni siquiera reproducir los razones por la cuales la Doctora D´Atria adoptó esa actitud y por este motivo hemos querido oírla directamente para conocer el fundamento de su objeción de conciencia.

«Siempre he trabajado seriamente y en mi ámbito no puedo ser considerada una distribuidora automática de medicamentos; siempre he creído que lo que vendo detrás del mostrador de la farmacia no son caramelos sino productos científicos que tienen, de un modo u otro, un efecto positivo o negativo sobre los pacientes, incluida la vida de los que están por nacer. La mía es una grande y seria responsabilidad, estoy obligada a dar las respuestas y las explicaciones, ese es mi deber. No es posible que cada vez más niñas, sin ningún sentido de responsabilidad, quizás incluso sin el conocimiento de sus padres, estén usando píldoras que claramente tienen un efecto abortivo. Esto no es una opinión, es una verdad científica. La Agencia Italiana de Medicamentos (AIFA en italiano) está llamada a proteger la seriedad, la verdad científica, por tanto la salud física y mental de las personas«. La cuestión planteada por la farmacéutica toscana la comparten muchos otros médicos y farmacéuticos, seriamente preocupados por tener que recetar o vender un medicamento prescindiendo de su ciencia y conciencia. Precisamente la Región de las Marcas decidió no distribuir en sus consultorios la píldora RU486, como ocurre también en Umbría, no aplicando, por lo tanto, las directrices del Ministerio de Salud. Por otra parte, el artículo 22 del Código de deontología médica prescribe: «El médico al que se le soliciten servicios que entren en conflicto con su conciencia o con su convicción clínica, puede rechazar el pedido, salvo que esta conducta sea de perjuicio grave e inmediato para la salud de la persona asistida y debe proporcionar al ciudadano toda información y aclaraciones útiles».

El descontento y el sentido del deber de defender la vida en Occidente es cada vez más fuerte. Para comprenderlo basta con considerar que en casi todos los países donde se ha legalizado el aborto se realizan las Marchas por la Vida, habitualmente en el aniversario de la aprobación de la ley; estos son eventos cada vez más fuertes y más numerosos. Basta pensar en la formidable manifestación de enero de este año en los Estados Unidos con la participación de más de 500 mil personas, lo que demuestra que 46 años después de la promulgación del aborto en esa nación la opinión pública está hoy particularmente sensibilizada en el frente provida.

La presidenta de la Marcia per la Vita -Marcha por la Vida- Virginia Coda Nunziante declaró: «El aborto es una herida que no se cura, porque toda supresión de una vida inocente provoca un trauma en la mujer que se responsabiliza por ello. En este sentido, la decisión del ministro Speranza de legalizar la píldora RU486 representa un terrible salto de calidad. Es cierto que esta medida viola claramente la letra de la Ley 194, sin embargo, cumple su espíritu y constituye su coronación. El aborto criminal castigado por la ley antes de 1978, hoy se convierte en un asunto privado que se practica con unas pastillas para tomar en casa. El asesinato del inocente se «destraumatiza» y se banaliza. Para reaccionar ante esta banalización, primero hay que informar a la opinión pública. Lo que hace que un asesinato sea inicuo no es la forma en que se comete, sino la esencia del acto homicida. El hecho de que se pueda realizar dentro de los muros doméstiscos elimina la responsabilidad del médico, pero aumenta la responsabilidad de la madre. Más que nunca, debemos apelar a la conciencia de las madres que quieren abortar de esta manera».

Las protestas de «Ni una menos» aparecieron en las redes sociales, pero con muy poco consenso, mientras que la farmacéutica Maria Rosaria D’Atri es apoyada y animada por muchos, se piensa, como escribió el periodista Marco Tosatti, del Pueblo de la Familia de Florencia, quien publicó una carta abierta para expresar «su agradecimiento y su estima a la Doctora D’Atri, por su profesionalismo, por su respeto a la Verdad, y por haber tenido el coraje de no apartar la mirada de la mujer que estaba frente a ella. Hoy, la Verdad y el amor al prójimo pasan dramáticamente y más que nunca, incluso por el metro de ancho del mostrador de una farmacia». Nosotros también nos unimos para agradecerle y decirle que realmente somos muchos, pero realmente muchos los que estamos junto a ella.

La actitud pro-vida ya no es una realidad aislada y silenciosa, como lo demuestran los hechos de Lucca, una zona donde está presente Pro Vida y Familia, que recientemente exhibió carteles que representan a una mujer sosteniendo una valla publicitaria donde aparece escrito: «El cuerpo de mi hijo no es mi cuerpo, suprimirlo no es mi elección. Stop al aborto». Por otra parte, el Tribunal de Apelación de Trieste absolvió en el 2018 a la farmacéutica Elisa Mecozzi de Monfacolone, quien se negó a vender la píldora del día después. Además, no olvidemos que el derecho a la objeción de conciencia de los farmacéuticos ya ha sido objeto de propuestas legislativas de quienes apelan al artículo 3 del Código deontológico del farmacéutico, que establece: «El farmacéutico debe actuar con plena autonomía y conciencia profesional de acuerdo con los principios éticos y siempre teniendo en cuenta los derechos del paciente y el respeto a la vida», respeto a la vida no solo para quienes acuden a la farmacia, sino para quienes se están formando en el vientre materno.

Cristina Siccardipublicado el