Suecia: un nuevo estudio demuestra el crecimiento del Islam radical

Lupo Gloripublicado el

En Suecia, una vez más, el Islam está en la primera página de los cotidianos y de los principales órganos de información. Hace hablar de sí en los países europeos pues, más que cualquier otro, se “atrevió” a entrar en el proceso de acogida e “integración” de la religión islámica. Esta vez no son hechos de actualidad, sino los alarmantes resultados que emergen de un reciente estudio sobre la difusión del salafismo en el interior de los países, conducido por investigadores de la Swedish Defense University, que confirmaron el dramático estado de radicalización de los musulmanes en Suecia.

El reportaje, titulado Entre el salafismo y el jihadismo salafista. Impacto y desafío para la sociedad sueca, es considerado “único en su género” dado que representa el primer verdadero intento de realizar un mapeo del ambiente salafista-jihadista dentro de los países escandinavos. En las 256 páginas del dossier los autores tomaron una fotografía del Islam en la Suecia de hoy, suministrando un largo elenco de hechos, nombres, siglas y una amplia descripción de la que es la estrategia y la metodología de expansión radical en Suecia del Islam radical que, datos en la mano, está obteniendo resultados más allá de las expectativas.

En los últimos diez años, como escribe el experto en seguridad suizo Stefano Piazza en oltrefrontieria.it, se presenció en ese país un crecimiento exponencial del extremismo islámico que no parece destinado a detenerse: “el número de los extremistas islámicos en Suecia aumentó diez veces en otros tantos años y el fenómeno, si no fuera contrarrestado seriamente, está destinado a crecer ya que las personas bajo supervisión de las autoridades pasaron en pocos años de 200 a 2000. Se trata en muchos casos de suecos convertidos que se propusieron como misión la propaganda del Islam rigorista y violento en diversas ciudades suecas. El fenómeno se difunde no solo en la capital Estocolmo, sino también en Göteborg, Örebro, Malmö, Hässleholm, Halmstad, Arlöv, Landskrona, Norrköping y Umea”.

El resultado de la investigación trae por tanto a la luz el clamoroso e inequívoco fracaso de la política nacional de integración de los inmigrantes musulmanes, mostrando como muchos de aquellos de orientación salafista afirman no tener ningún amigo sueco, en cuanto considerado por ellos “kufr”, término árabe con el cual es denominado el infiel y el “no creyente”. Al respecto, un predicador salafista, Anas Khalifa, dejó claro en estos términos cual debe ser el comportamiento de un “buen musulmán” con respecto a un “kufr”: “¿Significa dar una paliza o amenazar al cristiano o hebreo que encuentre? No. No hay guerra entre ustedes y los cristianos y los hebreos en vuestra escuela, por ejemplo. Los odian por amor a Alá. Odian el hecho de que no creen en Alá. Pero ustedes desean de lo más profundo de vuestro corazón que amen a Alá. Entonces, deben trabajar con ellos, hablar con ellos, porque desean que Alá los guíe”.

El proceso de radicalización del movimiento salafista islámico en Suecia fue puesto también de relieve por la periodista y analista política Judith Bergman quien, en un artículo publicado en el Gatestone Institute, dejó en evidencia como el estudio conducido por los investigadores de la Swedish Defense University puso de manifiesto la preocupante presencia salafista en diversas ciudades del país con las crónicas locales que revelan hechos cuando menos alarmantes: en Boras, ciudad meridional de Suecia, algunos niños no toman agua en las escuelas porque dicen que el agua es “cristiana”; en diversas ocasiones, la policía sueca informó el caso de niños suecos denunciados por haber amenazado de cortar el cuello a los mismos compañeros de clase, mostrándoles imágenes de decapitaciones en sus celulares. Hay casos de “adolescentes que entran en las mezquitas al término de las clases para ‘lavarse’ después de haber interactuado con la sociedad [non musulmana]”.

La investigación muestra también como la infiltración islamita en algunas áreas había favorecido la creación de “no go zones” -zonas de exclusión, totalmente fuera de control, come Rosengard, Rinkeby y otras 53 áreas urbanas, donde lo que dicta la ley son los principios del Corán. Una de estas áreas es Västeras, ciudad sud-oriental de Suecia, donde la influencia religiosa favorece y alimenta la difusión de comportamientos criminales: “Puede ser un grupo de personas que entra en un negocio de alimentos. Si la mujer en la caja no está usando el velo, se llevan lo que quieren sin pagar, llamando a la cajera ´prostituta sueca´ y escupen sobre ella“. Entre otros ejemplos, Bergman describe episodios en los cuales los sirios y los curdos titulares de negocios y restaurantes de la zona son sometidos por jóvenes musulmanes a interrogatorios sobre su religión. Si la respuesta no es el Islam, los acosan y maltratan. En otros casos, mocosos de 10 a 12 años amenazaron a señoras ancianas residentes en la zona, intimándolas a prestar atención porque “esta zona es nuestra”.

Un papel fundamental en la estrategia de expansión del Islam en el territorio sueco se desarrolla, como por otra parte ya lo sabíamos, desde las mezquitas, cuyas construcciones continúan proliferando en todo el país. En el interior de las mismas, informa siempre el citado estudio, predican imanes extremistas “como Abu Muadh, Bilal Borchali, Anas Khalifa y el astuto Abu Raad, el ´constructor de puentes´ que con el dinero recaudado del sistema de bienestar sueco pudo crear una organización extremista propia”. Además, en los centros religiosos islámicos, los servicios secretos suecos (Säpo) mantienen bajo atenta observación otros 100 jihadistas suecos que volvieron a la patria del frente de guerra del Medio Oriente y que hoy están bajo “vigilancia especial”: «Los jihadistas se pueden infiltrar en los Países mezclándose con los refugiados, considerando que el 90% de las personas que solicitan asilo político obtienen la residencia permanente en Suecia».

Por último, el reportaje destaca el decisivo papel del adoctrinamiento en el Islam realizado, también en Suecia como en numerosos otros países europeos, por la organización salafista nacida en Alemania “Die Ware Religion – LIES!” – “La Verdadera Religión- ¡MENTIRAS!”, fundada por el predicador extremista palestino Ibrahim Abou Nagie: “El grupo, que hizo imprimir 20 millones de copias del Corán y las distribuyó gratuitamente en toda Europa, fue puesto fuera de la ley en Alemania y Austria después de una serie de investigaciones de la Justicia que demostraron que muchos de sus afiliados partieron para ir a combatir en Medio Oriente.

Los métodos cambiaron, pero no cambia la estrategia global de expansión del Islam que es la de difundir el Corán y de conquistar gradualmente il dar al-harb, el territorio de guerra de los infieles.

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