¿Quién y por qué hoy está molesto con la Santa Casa de Loreto?

Mauro Faverzanipublicado el

¿Podía pecar María Santísima? Absolutamente no, de acuerdo con la bula dogmática Ineffabilis Deus de Pío IX, del 8 de diciembre de 1854: «Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazón contra los que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan además que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que además, si osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el Derecho«.

Exactamente siete años después, el 8 de diciembre de 1870, siempre Pío IX, en el decreto Quemadmodum Deus, proclamó a San José Patrono de la Iglesia, pero no solo eso: al año siguiente, en la Carta Apostólica Inclytum Patriarcham del 7 de julio de 1871, especificó que Dios Omnipotente, «prefiriéndolo a todos Sus Santos, lo destinó a ser el casto y verdadero esposo de la Inmaculada Virgen María así como el padre putativo de Su Unigénito Hijo. Él ciertamente lo enriqueció y lo colmó de gracias únicas y sobreabundantes, haciéndolo capaz de cumplir más fielmente los deberes de tan sublime estado«.

Todo esto excluye que María Santísima pueda haber estado expuesta al vicio capital de la ira, que pueda haber traicionado la virtud teologal de la caridad y las virtudes cardinales de la prudencia y de la templanza; del mismo modo que excluye que Jesús pueda haber pisoteado el cuarto Mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre«. Pensar lo contrario es blasfemo. Sorprende por lo tanto leer en el cotidiano de la Conferencia Episcopal Italiana, Avvenire, en la edición del último 6 de marzo, a propósito de la Santa Casa de Nazareth: «Aquella es la casa en la cual María creció, habitó, proyectó su matrimonio con Jesús y litigó con Jesús«, palabras ni más ni menos atribuidas entre comillas a un sacerdote, Paolo Sabatini, responsable de la Pastoral juvenil en la región de Las Marcas (Marche en italiano).

El acto de litigar equivale a romper la comunión en el interior de la familia, a provocar fracturas, crear divisiones. Peor aún si es el hijo quien enfrenta a la propia madre, reprochándola, acusándola, recriminándola. Esto está directamente contra el Decálogo. Atribuir todo esto a la Sagrada Familia y, en particular, a Nuestra Señora y a Jesucristo, considerarlos capaces de pecar es absolutamente blasfemo.

Lo cual está directamente contra el Decálogo. Atribuir todo esto incluso a la Sagrada Familia y, en particular, a María Santísima y a Jesucristo, considerarlos capaces de pecar es absolutamente blasfemo. Como escribe Pío IX, quien piensa así «sepa con certeza que pronunció su propia condenación, que sufrió el naufragio de la fe, se separó de la unidad de la Iglesia y, si hubiera osado hacer público, por palabra o por escrito o de cualquier otro modo, aquello que piensa [como en el caso del Avvenire, especialmente al declararse éste católico-NdR], sepa que incurrió, ipso facto, en las penas impuestas por el Derecho». Pero hay algo más. En ese mismo artículo se niega el traslado milagroso de la Santa Casa de Loreto, codificado por la tradición, dando en cambio crédito al rumor del transporte en una nave por iniciativa de la noble familia Angeli.

Esto, no obstante que a lo largo de los siglos los Papas y las revelaciones privadas tenidas por numerosos Santos siempre hayan reiterado tanto la autenticidad de la Santa Casa como su llegada prodigiosa a Italia, llegada confirmada por el mismo Benedicto XV, cuando en 1920 declaró a la Virgen de Loreto Patrona de los aviadores, sino también por León XIII que en el Breve Félix Nazarethana escribió: «Esta casa, como lo narra la gloria de la Iglesia, tan pronto como fue transportada milagrosamente a Italia, en el Piceno, por un acto de suprema benevolencia divina, y fue abierta al culto en las colinas de Loreto, atrajo inmediatamente sobre sí las aspiraciones piadosas y la ferviente devoción de todos, y las mantuvo vivas a lo largo de los siglos.»

La “leyenda” del transporte humano de la casa nazarena, por lo demás, ya fue desmontada y desmentida, como lo precisó bien Federico Catani en el nº 139 de la revista Radici Cristiane, donde se lee: «Recientemente fue demostrada la falsedad histórica del Chartularium culisanense, documento con frecuencia citado porque probaría» esta suerte de gigantesco “traslado” «por medio de la familia Angeli o De Angelis. El texto en cuestión sin embargo lo relaciona con el 1294, tres años después del primer milagroso traslado de la Santa Casa a Tersatto. Y porque está certificado que en el 1294 la misma ya no estaba más en Nazaret sino en Dalmacia, la familia Angeli no podría haber llevado nada directamente desde Palestina como a veces se ha dicho. Por otra parte, allí se habla del traslado de algunas piedras y no de las tres paredes íntegras, como siempre se ha dicho y se ha entendido. De ahí que el transporte humano de la Santa Casa sea una mera hipótesis, sin ninguna prueba, que produce únicamente el efecto de minar la fe de la gente sencilla y contradice siglos de estudios y demostraciones».

¿Por qué? ¿Qué cambia si hubieran transferido las piedras y no las paredes? Todo. El mortero con el cual las piedras sagradas fueron amuradas se constató, de hecho, que provenía de Palestina. Lo cual es incompatible con la hipótesis de una reconstrucción posterior al transporte sobre la nave.

«Y como es posible que, como consecuencia, de tantos desplazamientos y de múltiples reedificaciones, no se haya mínimamente alterado la perfecta geometría de la Santa Casa, que coincide perfectamente con las dimensiones de los fundamentos que permanecieron en Nazaret?», se pregunta aún Catani, quien, en su ayuda, apela también a la ciencia: «El arquitecto Federico Mannucci, en un informe de 1923, debió escribir que “es absurdo pensar únicamente en que el lugar pueda haber sido transportado con medios mecánicos” y reveló asimismo que “es sorprendente y extraordinario el hecho de que el edificio de la Santa Casa, pese a no tener ningún fundamento, estar situado sobre un terreno sin ninguna consistencia y sobrecargado, aunque parcialmente, por el peso de la bóveda construida en el lugar del techo, se conserve intacto, sin ningún hundimiento y sin el menor daño en las paredes”. También el arquitecto Giuseppe Sacconi constató que “la Santa Casa está en parte apoyada sobre la extremidad de un antiguo camino y en parte suspendida sobre el foso al lado de ella”, razón por la cual no pudo haber sido fabricada o refabricada, como está, en el lugar donde se encuentra».

¿Por qué entonces el cotidiano de los Obispos, Avvenire, expresa hipótesis desmentidas por los hechos y por la tradición? El Papa Francisco estará en Loreto el próximo 25 de marzo. La sospecha es que la operación mediática tenga como objetivo dar crédito a la versión inmanente, confiando en que antes o después – quizás ya en la inminente visita – sea también adoptada como propia por la Iglesia oficial.

En la noche entre el 9 y el 10 de mayo de 1291, mientras la presencia de la Cruzada en Tierra Santa llega a su término, la Santa Casa abandonó Palestina: ese mismo edificio, en el cual Nuestra Señora había recibido el anuncio del Arcángel Gabriel, ya no estaba, se había trasladado primero a Tersatto, después a Ancona, finalmente a Loreto a tres diversos lugares, antes de encontrar la propia ubicación definitiva.

Es decir, un lugar, donde rezar y no discutir. Teniendo también en cuenta el papel decisivo, desempeñado por el Santuario Lauretano en la defensa de la Cristiandad contra el peligro islámico: a Nuestra Señora de Loreto, de hecho, se acercaron Papas y caudillos, antes de enfrentar las batallas decisivas, como la de Lepanto (1571) y la de Viena (1683). En ambas, la victoria del ejército cristiano fue debida únicamente a la intervención de María Santísima. ¿Es esto lo que también aún hoy molesta a algunos? (Mauro Faverzani)

Mauro Faverzanipublicado el