Paganismo: después de la iglesia de Pachamama, ahí está la de Thor

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Esta parece ser la época del neopaganismo, del regreso de los ídolos. En Roma con la nueva iglesia de la Pachamama, que ha adorado el fetiche que representa a la «Madre Tierra» en los Jardines del Vaticano y en la Basílica de San Pedro, en ambos casos en presencia del Papa Francisco, después en la iglesia de Santa María en Traspontina con rituales mágicos y en el blasfemo Via Crucis amazónico.

No hay nada de sorprendente en este momento, si incluso en Islandia, en las afueras de Reykiavik, está previsto en breve la inauguración de un templo con el nombre de Thor, siguiendo los lineamientos de un proyecto absolutamente green -verde- (en homenaje no solo a los seguidores de Greta Thunberg y su entorno, sino sobre todo a las convicciones panteístas de la mitología nórdica) y articulado según las geometrías fundadas en el número 9, correspondiente a los nueve mundos de este credo pagano.

Una elección no hecha por casualidad, la de Thor: por el contrario, se relaciona así al período de paz, antiguamente atribuido al ídolo con el martillo, protector de la humanidad y protector de todo cuanto permite su supervivencia, es decir, la tierra, la agricultura. Esta es la época que precedió a la conversión al Cristianismo. Entonces, este retorno a la mitología nórdica tiene el sabor de un revival (renacimiento), algo así como una especie de «¿dónde estábamos?«, para reanudar el hilo del discurso después de una interrupción de siglos, gracias al hecho de que los ritos antiguos, en realidad, nunca fueron abolidos, sino solo» privatizados», prohibiendo la celebración pública, eso es todo. Pero la tradición no se interrumpió, se transmitió oralmente, de generación en generación y, por escrito, con la publicación del Edda por parte de Snorri Sturlusson (1179-1241), historiador, poeta y político islandés: así es como los ritos paganos han llegado hasta nuestros días, sobreviviendo al tiempo y al olvido. Como si no hubiera habido nada en el medio, como si con la luz de Cristo no hubiera llegado también la civilización.

Pero de todos modos: los trabajos para la construcción del nuevo templo están atrasados. La organización promotora, la «Hermandad de la fe en los Æsir«, también llamada «Asi» (una de las dos familias de los dioses nórdicos) habría querido concluir la «Iglesia de Thor» ya el año pasado, pero se produjeron obstáculos, por lo cual la nueva fecha, por cierto inminente, será elegida, con el calendario nórdico en mano, entre algunos aniversarios paganos especiales.

Correspondencia Romana ya se había ocupado del fenómeno hace varios años y ya había hecho sonar la alarma: en poco tiempo, este culto se extendió como una mancha de aceite, pasando de 12 adeptos en 1973 a 2488 en el 2015, a 3187 en el 2016 hasta los 4300 actuales. Desde hace 47 años representan una confesión reconocida por el Estado (al igual que en Noruega, Dinamarca y Suecia), pudiendo entonces celebrar matrimonios y funerales con valor legal y, en ese carácter, reciben lo proveniente del impuesto islandés sóknargjald, algo así como el ocho por mil. Ahora representan la quinta comunidad religiosa en Islandia y la primera no cristiana.

En Italia, las comunidades, que se refieren explícitamente a rituales similares, cuentan con unas pocas docenas de seguidores, pero lo que más preocupa es que también aquí su número crece lenta pero constantemente. Existe, por ejemplo, la Comunidad Odinista de Ivrea, muy centrada en la identidad étnica, las de Corno, Cuneo, Reggio-Emilia, Lenno, Florencia, Milán, Vicenza y Treviso, donde también se toma en cuenta la Tribù dei Winniler y el Cerchio Bragafull.

En resumen, puede parecer una broma, pero no lo es. Convicciones como estas, por extrañas que parezcan, constituyen una realidad a tener en cuenta y ocupan los espacios que deja libre la «iglesia de la Pachamama», la cual, pocos días antes del Sínodo para el Amazonas, no tiene nada más que decir y nada es capaz de comunicars. A nadie. Allí donde la Iglesia de Cristo renuncia a su misión, abre la puerta al regreso al paganismo. Ya lo advertimos hace años, lo repetimos hoy: absolutamente no debe ser subestimado el fenómeno. Constituiría un grave error.

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