No somos ignorantes los que pedimos la comunión en la boca

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(Cristina González Alba, Adelante la Fe – 8 septiembre 2020)

Basta de mentiras.

Es mentira que ya no se comulga en la boca, es mentira que la Iglesia prohíbe comulgar en la boca y es mentira que ya ningún sacerdote da la comunión en la boca.

Yo comulgo en la boca.  Siempre he comulgado en la boca, sigo comulgando en la boca y seguiré comulgando en la boca

Somos muchos los fieles que luchamos porque esta tradición de la Iglesia no se pierda, y lo hacemos por pura devoción a la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. No lo hacemos por capricho, ni por llevar la razón.  No lo hacemos por llamar la atención, no desobedecemos a nadie, no es cabezonería. Lo hacemos por humildad, lo pedimos con humildad, y recibimos la comunión con humildad. Y el que no comulgue en la boca con humildad, ni lo pida con humildad, ni la reciba con humildad que pida perdón a Dios por su orgullo, rectifique…y siga comulgando en la boca.

A mí no me confunden. No soy yo la que tengo que dar una explicación de porqué comulgo en la boca, pues ese es el modo ordinario y oficial de recibir a Jesús en la Iglesia Católica. Lo extraordinario, lo que sí requiere justificación, es la comunión en la mano. Y ahora, los enemigos de la Iglesia, han encontrado en este virus la horma de su zapato.

Nos llaman soberbios, reaccionarios, incultos, ignorantes, cismáticos y paranoicos. Pero a mí no me confunden.

No somos soberbios los que pedimos la comunión en la boca. No es soberbia sentirse un niño que recibe de Dios su alimento, sin mérito alguno por su parte. No es soberbio el que se expone a una mala respuesta en público. No es soberbio el que adora no solo con el alma sino con el cuerpo. No es soberbio el que no se sabe digno. No es soberbio el que va el último de la fila a comulgar, y se expone ante personas que critican su falta de solidaridad, poniendo por encima de la consideración a Dios la consideración a los demás.

No somos reaccionarios ni tradicionalistas los que pedimos la comunión en la boca. La devoción es personal y no tiene ideologías. Sí somos tradicionales, que no es lo mismo. Somos tradicionales porque aceptamos la Tradición de la iglesia en su sentido más estricto: como traditio, entrega de un depósito de fe que estamos llamados a conservar. Eso es tradición: entrega. Tradicional no es el que se aferra a costumbres obsoletas y se niega a la renovación que viene de Dios. Eso es fariseísmo. Tradicional es el que se hace responsable de lo que le ha sido entregado y lo entrega intacto a esas futuras generaciones que tienen el mismo derecho que él a recibirlo tal como los apóstoles lo recibieron de Jesús.

No somos incultos los que pedimos la comunión en la boca. No es que no sepamos que antiguamente en las comunidades cristianas se daba la comunión en la mano (1). Es que sabemos que la Iglesia constantemente mejora y se perfecciona, y que, en su afán de mejorar el gesto de recibir a Jesús con devoción y evitar profanaciones, impuso hasta nuestros días la recepción de la Eucaristía en la boca como mejor manera de recibirla. Recibir la comunión en la boca fue un avance. ¿Es que queremos volver atrás, a lo que ya supuso un cambio y una renovación? ¿Tan conservadores son los defensores de la comunión en la mano? ¿Tan apegados a costumbres obsoletas?

No somos ignorantes los que pedimos la comunión en la boca. Sabemos de sobra que las promotoras de este gesto son las Iglesias protestantes que no creen en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Nosotros sí creemos, y aunque solo sea no compartiendo su gesto manifestamos de ese modo no compartir su fe.

No somos cismáticos los que pedimos comulgar en la boca. ¿Es separatista el que se separa del que se separa? Recordemos que la comunión en la mano viene de un indulto concedido a sectores de la Iglesia que estaban al borde de la separación.

No somos ni soberbios, ni conservadores, ni incultos, ni ignorantes, ni cismáticos… Ni siquiera somos muy  inteligentes… Las razones las entiende un niño, caen por su propio peso, son de sentido común.

¿Hasta cuándo van a engañarnos y confundirnos?

¿Que muchas personas que comulgan en la mano lo hacen con más devoción que otras que comulgan en la boca? Claro que sí. Sin duda alguna.  Pero no caigamos en la falacia de siempre. Muchas personas que no van a Misa son mejores que otras que van y eso no significa que no haya que ir a Misa, eso significa que los que vamos debemos esforzarnos por ser mejores.

Hay muchas razones teológicas, doctrinales e históricas que fundamentan que la Eucaristía debe recibirse en la boca. Pero no me corresponde a mí traerlas a colación. Ya muchos sacerdotes y obispos han hablado sobre ello. Yo no tengo estudios teológicos. A mí, como fiel de a pie, solo me corresponde agradecer de todo corazón a los sacerdotes que  aún la imparten y agradecer de todo corazón a los fieles que aun la piden, pues gracias a unos y a otros esta santa costumbre no se perderá.

No. No se perderá.

No se perderá aunque la estrategia de los enemigos de la Iglesia sea que se pierda poco a poco, sin que se note, como quien cae por un plano inclinado. No se perderá porque somos muchos los que cada día, con nuestra comunión en la boca, enderezamos de nuevo ese plano, para que nada se deslice.

Y a propósito de estrategias y falacias… Me resulta tan extraño que al entrar en la Iglesia, en vez de tomar agua bendita, que me purifica del pecado venial, me pongan en su lugar alcohol en gel…Claro que el recipiente cuenta con todas las medidas anticontagio, por ejemplo, un pedal, de manera que nuestras manos no toquen el recipiente. Cuánta imaginación para purificar las manos y qué poca para purificar el espíritu… ¿Nos estaremos volviendo fariseos, tanto lavarnos las manos? ¿Y el alma, que?

¿No podrían volver a poner el agua bendita a la entrada de las Iglesias, en vez de en sus recipientes habituales, en uno con pedal, donde nadie toque nada con las manos? O mejor aún: ¿no podrían animarnos sacerdotes y obispos a llevar con nosotros un frasquito, como llevamos el alcohol en gel, para purificarnos antes de entrar en la Iglesia? Porque si podemos ponernos alcohol siguiendo las medidas de seguridad, dándole a un pedal, de la misma manera podríamos ponernos el agua bendita. ¿O es que también quieren perder la costumbre?

¿Terminaremos bautizando a los niños con alcohol en gel?

¿Quién hay detrás de todo esto, que huye del agua bendita como alma que lleva el diablo, y  nunca mejor dicho?

Pero claro, de estrategias mejor no hablar, porque aquí es cuando nos llaman paranoicos.

Pues no. No somos ni soberbios, ni conservadores, ni incultos, ni ignorantes, ni cismáticos…Ni paranoicos.

La paranoia es una enfermedad que hace que el enfermo se sienta perseguido…pero cuando la persecución es real ¿También somos víctimas de la enfermedad?

Si seguimos así terminaremos pensando que la persecución de la Iglesia a los primeros cristianos o a los sacerdotes durante la Guerra Civil española fue solo una paranoia de soberbios, incultos, ignorante, enfermos, reaccionarios…Y paranoicos.

 

 

(1) Nota de la redacción: Según Monseñor Schneider la comunión en la mano, tal como se administra hoy día, es de origen calvinista; jamás ha estado permitida en la historia de la Iglesia. Lo que hoy día llaman “que antiguamente comulgaban en la mano”, en realidad era que el sacerdote depositaba la comunión sobre un corporal que el fiel sostenía en la palma de su mano, para luego ser purificado, y este se la llevaba a su boca, pero jamás la cogía propiamente.

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