Mayo del 68: la “revolución cultural” de la Sorbona que está derribando los últimos escombros de la civilización

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París – Cuando terminó la Revolución de Mayo de 1968, las apariencias engañaban. Las barricadas en las calles París estaban deshechas, los adoquines vueltos a colocar en las calles, disipado el gas lacrimógeno de la policía, desaparecidos los clamores de apoyo a de Gaulle en la avenida de los Champs-Elysées, las elecciones legislativas barriendo a los izquierdistas y dando una aplastante mayoría al gobierno gaullista conservador. Todo hacía creer que el orden antiguo había vencido y que los rebelados habían perdido el desafío.

Craso error. Los estudiantes de la Sorbona y de Nanterre habían engendrado una nueva forma de ser revolucionario que llevara a cabo el fin que tenían en vista: el poder político quedaba en manos de los viejos, mientras los jóvenes anarquistas comenzaban a cambiar la manera de ser y de vivir.

Mayo del 68 dio vuelta a la sociedad como se da vuelta una mesa: todo saltó por los aires. Herida de muerte en su célula madre, la familia, y subvertida en su finalidad última, la sociedad está agonizando.

El análisis racional de la realidad, apoyada en el sentido común, dio lugar a la fantasía de la sensibilidad exacerbaba y a la pérdida de la luz de la razón. Esa locura destructiva penetró incluso en los sagrados recintos de la Iglesia como si fuera una “humareda de satanás“, conforme la propia expresión de Paulo VI.

 

Anarquistas ayer, burgueses hoy

Esa autocelebración de la Revolución de la Sorbona constituye un auténtico delirio.

No hay emisión de TV en que no aparezca Daniel Cohn Bendit, líder estudiantil en el 68 y hoy diputado europeo ecologista. Decenas de libros y álbumes invadieron las librerías, memorias, análisis, revelaciones. Todos los órganos de prensa lanzaron números especiales conmemorativos, con reediciones de artículos de la época. Muchos diarios relataron el día a día de los acontecimientos de hace 30 años.

La explicación de ese frenesí es simple.

El viejo orden burgués de post-guerra ya está en el basurero de la Historia. Los revolucionarios del 68, hoy con más de cincuenta años, están en el poder, en la política, en los medios, en las empresas privadas importantes y en las estatales, mientras sus ideas subversivas van destruyendo los últimos escombros de la civilización.

De ese modo ellos organizan la celebración de sus delirios de la juventud.

 

Desde las meras tendencias revolucionarias a los hechos

La revolución de Mayo del 68 no tenía un programa explícito: una de sus características era, precisamente, contestar todo -en el sentido de contestatario- pero no proponer nada. Era sobretodo un grito de rebelión contra todos los poderes, contra todos los deberes, a favor de una pseudo-espontaneidad y de la manifestación directa de las masas.

Es verdad que los estudiantes rebelados se referían a Marx y al marxismo, pero la revolución estalinista no gozaba de sus preferencias. Mao-Tse-Tung era destacado en virtud de la revolución cultural china: invocando ese rótulo, cuya realidad en China consistió en masacres de millones de personas, los sorbonianos querían cambiar la vida e imponer a toda la sociedad, en los hechos, una auténtica revolución de las tendencias.

Otros gurúes fueron puestos de moda en el 68, como el seudo-filósofo germano-americano Herbert Marcuse. Además, las objetables teorías freudianas fueron invocadas como pretexto para la liberación sexual, el hedonismo, el gozo desenfrenado y también para combatir las estructuras de la familia y los preceptos de la Religión.

Por lo demás, fue la misma revolución la que impulsó el Movimiento de Liberación Feminista en Francia, cuyas iniciadoras eran miembros de un pequeño grupo maoísta, como así también a los varios movimientos de reivindicación de los derechos de los homosexuales, el primero de los cuales se denomina Frente homosexual de Acción Revolucionaria.

 

Liberación de las costumbres, destrucción de la familia

Esa revolución destruyó el sistema de enseñanza, la familia, el matrimonio. Fue un dar vuelta la mesa que derribó el orden político, social y moral vigente en el período de la post-segunda guerra mundial.

Fue la revolución que suscitó la rebelión contra la moral católica y hasta la idea de que el matrimonio cambió radicalmente. En efecto, durante los treinta años posteriores el divorcio se generalizó (hoy en Francia es más frecuente que un niño tenga padres divorciados que legítimamente casados). También pasaron a tener libre curso la anticoncepción, el aborto y el homosexualismo. Falta “tan solo” la legalización del “matrimonio” homosexual.[1]

Uno de los frutos amargos de esa revolución es la desesperación y su consecuencia, el suicidio, cada vez más frecuente.

Mayo de 68 fue la insurrección insolente de una generación que, aún vistiendo traje y aún de cabello corto comenzó a arrojar adoquines contra la policía, antes de ser inventada la vuelta a la naturaleza, el pacifismo, el pelo largo y sucio, los conciertos rock, la vida en comunidades alternativas y el uso habitual de drogas.

 

No una revolución fracasada,

sino auténtica revolución cultural exitosa.

 

Algunos de los famosos eslóganes pintados en los muros de la Sorbona y  de otras universidades de París dan testimonio del espíritu del 68: la rebelión, lo absurdo, lo irracional, lo espontáneo y lo utópico erigidos en sistema.

 

Tome sus deseos por realidades

 

Sea realista, exija lo imposible

 

Prohibido prohibir

 

Gozar sin frenos

 

Corre camarada, el viejo mundo está quedando hacia atrás

 

Burgués, tú no entiendes nada

 

Ni esclavizado ni robotizado, ni trabajo ni ocio

 

La imaginación al poder

 

Ni Dios ni maestro

 

La Sorbona en las tendencias, en las ideas, en los hechos

El Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, en su obra magna Revolución y Contra-Revolución, describe, con diez años de anticipación, cual sería el papel de la Sorbona y de los 30 años siguientes, en el contexto de la gran crisis del hombre occidental y cristiano:

La primera [profundidad de la Revolución], es decir, la más profunda, consiste en una crisis en las tendencias. Esas tendencias desordenadas por su propia naturaleza luchan por realizarse, no conformándose ya con todo un orden de cosas, que les es contrario; comienzan por modificar las mentalidades, los modos de ser, las expresiones artísticas y las costumbres, sin tocar, al principio, de modo directo -habitualmente, por lo menos- en las ideas.

De esas camadas profundas, la crisis pasa al terreno ideológico (…) Así, inspiradas por el desarreglo de las tendencias profundas, irrumpen nuevas doctrinas. Ellas procuran a veces, al principio, un modus vivendi con las antiguas, y se expresan de tal manera, que mantienen con éstas un simulacro de armonía, el cual habitualmente no tarda en romperse en lucha declarada.

Esa transformación de las ideas se extiende, a su vez, al terreno de los hechos, donde pasa a operar, por medios cruentos o incruentos, la transformación de las instituciones, de las leyes y de las costumbres, tanto en la esfera religiosa cuanto en la sociedad temporal. Es una tercera crisis, ya enteramente en el orden de los hechos”. (Op. cit., Parte I, cap. V).

 

Crisis mundial y castigo divino

La Sorbona se transformó en el símbolo de la revolución del 68

Sin embargo, esa revolución no se vivió solo en París y en Francia en general. Hubo manifestaciones estudiantiles también en México y en las universidades de California.

Los Estados Unidos, forzados por la presión interna a abrir negociaciones con los comunistas vietnamitas, perdieron la voluntad de ganarles la guerra.

En Praga, la rebelión contra el sistema soviético no fue sino la prefigura de la caída del muro de Berlín. Los optimistas pensaron que se trataba del fin del peligro rojo, sin entender esa metamorfosis del comunismo: la destrucción del Estado y del partido como condición previa para destruir la sociedad.

La generación de los 20 años, en 1968, creció en edad en las décadas del progreso material triunfante y de la euforia: conquista del Cosmos, aumento del poder adquisitivo y vacaciones pagadas, progreso en la medicina, desarrollo de la televisión y de la informática.

En todo el mundo occidental esa generación estaba convencida de que la rebelión solo podría conducir al éxito, que la utopía estaba al alcance de la mano

En treinta años, la generación del 68 obtuvo la victoria: el mundo cambió completamente y parece que de un modo definitivo. ¿Habrá encontrado la felicidad?

¡No! ¡La mesa dada vuelta en el 68 no volvió a ser colocada derecha!

El mundo occidental, sumergido en una crisis multiforme creciente, parece próximo a zozobrar. Las naciones europeas se suicidan, en la medida en que abandonan sus soberanías, para realizar la utopía de la Europa unida. La familia tiende a desaparecer como institución, la práctica religiosa declina sensiblemente y el clero disminuye asustadoramente. El fanatismo islámico constituye una creciente amenaza para el Occidente decadente, como otrora lo fueron los bárbaros para el Imperio Romano.

Ante el auge de mal y de pecado, la Justicia Divina no podrá dejar de intervenir a su vez. Serán castigos purificadores.

 

* Enviado especial a Francia por la revista “Catolicismo”(San Pablo, Brasil) que publicó este artículo en su número de Mayo de 1998.

 

 

[1]  N. del T. Este artículo fue escrito en el 30 aniversario de la Sorbona (1998). En el 2018 El matrimonio homosexual es legal en 25 países, a los que próximamente se sumará Taiwán, que será el primer territorio asiático en permitir estas uniones. Doce países de la UE han reconocido ese derecho (Holanda, Bélgica, España, Suecia, Portugal, Dinamarca, Francia, Reino Unido, Luxemburgo, Irlanda, Finlandia y Alemania), además de otros dos países europeos, Noruega e Islandia. El último país en sumarse a esta lista ha sido Australia. En América, reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Uruguay y Colombia. Nueva Zelanda y Sudáfrica completan la lista. Hay, además, estados que permiten las uniones civiles de personas del mismo sexo, con derechos iguales o similares a los del matrimonio, pero sin esa denominación, como Italia, Austria, Croacia, Estonia, Hungría, Suiza, Malta, la República Checa, Israel, Chile, Grecia o Eslovenia. (Fuente RTVE)

 

Benoît Bemelmans

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