Llamamiento para salvar la Catedral de Notre Dame de los proyectos de desacralizadores de la Arquidiócesis de París

Cristina Siccardipublicado el

El 9 de diciembre ppdo. fue oficialmente presentado el proyecto de la Arquidiócesis de París para la restauración del interior de la Catedral de Notre Dame en París, devastada después del terrible incendio del 15 de abril del 2019, cuando el techo de la iglesia se derrumbó, con su espectacular flecha, en el interior del templo, destruyendo todo el nuevo presbiterio, incluido el altar, situado en el centro de la nave y construido para las adaptaciones litúrgicas modernas, mientras que dejó intacto el neogótico Altar Mayor de la Piedad.

Es un proyecto que hace temblar las manos por la falta de respeto por parte del Obispo de París respecto a un lugar tan magnífico de toda la Catolicidad y no solo, al punto de provocar un fuerte debate en Francia, que ha dado vida a una petición de un centenar de intelectuales y personalidades de la cultura que fue publicada simultáneamente en Le Figaro y La Tribune de l’Art el 8 de diciembre ppdo., día de la Inmaculada Concepción. Nos encontramos, pues, como espectadores de una paradoja sin precedentes: laicos, aunque alejados de la Iglesia, que intentan frenar la locura del clero que sigue las modas del momento, renunciando así a los contenidos que deberían serles propios por su identidad, pisoteando entonces las expresiones de la sacralidad artística medieval que alcanzó alturas admirables, manifestaciones que pueden ser restauradas, dado que las internas de Notre-Dame, excepto el presbiterio modernista, completamente extinguido, han sobrevivido.

Además de esta profanación inaudita, la Curia Metropolitana ofrece su catedral a la estética antirreligiosa, chabacana y vulgarmente kitsch, que se arroga el derecho de transformar radicalmente uno de los cofres más sublimes del planeta, como la instalación de una nueva pila bautismal en el centro de la nave, la presencia de obras de arte contemporáneo en las naves laterales, la colocación de bancos desmontables, una iluminación que cambia según las estaciones, proyecciones de vídeo en las paredes… parece que uno se encuentra frente a una verdadera y propiamente dicha galería de Arte Contemporáneo ultra comercializado y de bajo o nulo valor intrínseco, como la definiría la profesora Christine Sourgins. Este es el craso Invierno de la Iglesia, además de ser el «Invierno de la Cultura», para referirnos a la típica expresión de Jean Clair, el historiador del Arte.

El parque de atracciones visual -una máscara ridícula y mefistofélica- elaborado por la Archidiócesis de París, bajo la dirección de Gilles Drouin, director del Instituto superior de liturgia del Instituto católico de París, deberá ser aprobado por la Comisión nacional del patrimonio y de la arquitectura (CNPA), de lo contrario no saldrá adelante, por lo que se espera que la petición pueda ser fundamental para los fallos finales de la misma Comisión.

En la práctica, el proyecto de remodelación pretende aprovechar la oportunidad no para restaurar la Catedral, sino para revolucionarla horriblemente, deformando por completo el mobiliario y el espacio litúrgico concebido por el arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc (1814-1879), el célebre restaurador de otros extraordinarios edificios medievales como las basílicas Santa María Magdalena en Vézelay, Saint-Denis, Saint-Nazaire (Carcasona) y Saint-Sernin (Toulouse); la Catedral de Notre-Dame-de-l’Assomption; la iglesia de Notre Dame en Semur-en-Auxois (Côte-d’Or); los castillos de Roquetaillade, de Pierrefonds, de Coucy, de Abbadie o también la Ciudadela de Carcasone.

En la petición se lee: «Los autores de este proyecto intentan establecer otra experiencia del monumento, aunque Notre-Dame ya ofrece su propio recorrido. Para dar solo un ejemplo, la organización proyectada por Viollet-le-Duc se fundamenta en un principio de progresión de espacios, que ya existía a fines de la Edad Media y que él restauró. Las primeras capillas tienen una decoración básica para permitir un ascenso gradual hacia el esplendor del coro. Lo que la diócesis imagina hoy destruye el concepto desarrollado pacientemente por Viollet-le-Duc. El proyecto […] se reencuentra en todos los proyectos culturales ´inmersivos´, donde muy a menudo el sinsentido compite muy a menudo con el kitsch«.

La contrapropuesta de los firmantes es la de considerar seriamente la restauración de la decoración de Viollet-le-Duc, para hacer revivir el alma armónica de Notre-Dame, un signo tangible de perfección formal. El genial arquitecto, esforzándose con rigor para ampliar y completar la obra de los constructores de la Edad Media, había proyectado una obra maestra insuperable, combinando arquitectura y decoración, pintura y escultura, ebanistería y orfebrería, vitrales e iluminación. Guiado «por una visión bien precisa de un ideal artístico y espiritual, había proyectado y diseñado la Catedral de las Catedrales«.

El documento clama a voz en cuello que se respete el trabajo de todos aquellos artistas y artesanos que trabajaron en su momento para ofrecer a todos sus contemporáneos y a los siglos futuros la joya de Notre-Dame, por lo tanto “respetamos los principios del patrimonio de un monumento histórico. Este proyecto de restauración debe permitirnos redescubrir la autenticidad del lugar y de su experiencia, reubicando las buenas obras en los lugares adecuados, en armonía y coherencia de conjunto. Francia será admirada por todos por haber sabido realizar una restauración que devolverá al mundo un monumento sublime. Así, nuestros arquitectos, nuestros restauradores y todas las profesiones artísticas habrán así, de acuerdo con las palabras del Presidente de la República, hecho a Notre-Dame más bella que antes del incendio, es decir, tan sublime como nos fuera dejada en herencia”. Por lo tanto, se hace un llamamiento a cuanto declaró Emmanuel Macron, Presidente de una nación muy laica y anticristiana, para salvar el honor de la Catedral y de toda Francia frente al mundo. Son precisamente las personalidades de esta República las que se oponen a la destrucción que la Iglesia de París se permite proponer y llevar a cabo, desdeñando su carácter religioso y burlándose de todos aquellos que levantaron un majestuoso templo a Nuestra Señora para mayor Gloria de Dios.

Cristina Siccardipublicado el