La dictadura ideológica siempre más en dirección al pensamiento único

Mauro Faverzanipublicado el

En un Occidente siempre más corrompido y éticamente enfermo desde todas partes se tienen evidencias concretas de un régimen ideológico que avanza, silenciosamente, fagocitando vorazmente espacios de libertad, en dirección al pensamiento único. Se lo ve cotidianamente en el nivel de los amplios déficits democráticos con sentencias «gender friendly» de la Magistratura y con las duras sanciones universitarias «islam friendly». Se constató un caso en Canadá, en la provincia de Columbia Británica. Allí una adolescente de 14 años afirmó que estaba decidida a cambiar de sexo y el Juez Gregory Bowden le dio la razón, indiferente a las obvias protestas de su padre.

Conforme la sorprendente sentencia de este magistrado, los padres de ningún modo podrían impedir a los médicos inyectar testosterona en el cuerpo de la hija adolescente, que habría amenazado con suicidarse en el caso en que el tratamiento hubiese sido aún más atrasado. No obstante dicha conducta inmadura – aunque abordada como una simple «disforia de género» – y no obstante la edad, la niña fue considerada plenamente consciente de los riesgos conexos a dicho procedimiento. De ahí el visto bueno. No solo únicamente eso: ahora la niña de 14 años debe ser por todos «tratada como un hombre y llamada con el nombre que ella eligió en conformidad con el procedimiento legal», habiéndole sido consentido dicho cambio de identidad «aunque sin el consentimiento de los progenitores». Así, conforme el juez, «todo intento de persuadir a la joven o de dirigirse a ella en femenino será considerado un acto de violencia familiar». Es de no creerlo.

Después de dicha sentencia, el padre «se declaró decepcionado», y lamentando el hecho de que «no se le haya escuchado durante el proceso ahora está decidido a presentar recurso», como explicó su representante legal, el abogado Herb Dunton, en una entrevista al National Post. Por otra parte, si confirmada la sentencia, este caso representaría un peligrosísimo antecedente en casos futuros, en los cuales la autoridad de los padres- podría nuevamente ser aniquilada por el Estado, simplemente por el capricho de un magistrado gender friendly.

Pero otro caso increíble se verificó en Gran Bretaña: allí, el estudiante Sebastian Walsh, de 19 años, adherente del Ukip-Partido por la Independencia del Reino Unido, fue temporalmente suspendido de los cursos universitarios por haber criticado, hablando con otros estudiantes, la matanza halal, definiéndola como «bárbara» y «deshumana», y por haber denunciado el proceso de progresiva islamización, que se traduce también en unos cuarenta tribunales de la sharia operando en el País, tribunales en los cuales se practica abiertamente una discriminación contra la mujer. Más aún: durante una clase, les fue pedido a los estudiantes su propio parecer sobre la privatización del Servicio Nacional de Salud. Conforme Walsh, la asistencia médica no debería ser gratuita para quienes no son ciudadanos británicos y por lo tanto para quienes no pagan los impuestos.

Después de una semana, el joven recibió un e-mail, en el cual la Universidad le informó que consideraba inaceptable su conducta. Pero él para nada está de acuerdo: «Las mías son opiniones compartidas por muchos y yo debería tener el derecho de expresarlas libremente», comentó el «imputado». El Ateneo precisó que el estudiante podrá retomar sus estudios en septiembre, con la condición de que firme una declaración de “buena conducta” y siempre y cuando siga un curso de formación sobre la diversidad. De ninguna manera el interesado está dispuesto a someterse a la imposición: «La libertad de expresión es un derecho humano y yo estoy determinado a hacerlo respetar», declaró.

Esto no ha terminado: de acuerdo con el nuevo pacto sobre migraciones, puesto a punto por la ONU, en Europa estará prohibido y perseguido por la ley el criticar la emigración: «Nos comprometemos -declaran los Estados firmantes- a eliminar todas las formas de discriminación y a condenar y combatir las expresiones, los actos y las manifestaciones de racismo, discriminación racial, violencia, xenofobia y formas conexas de intolerancia contra todos los emigrantes, de conformidad con el derecho internacional de los derechos humanos». Es decir, «quienquiera que exprese críticas al ´Global Compact for Migration´ será perseguido penalmente y deberá pagar pesadas sanciones». Los mismos medios, que no den noticia de este acuerdo o «que promuevan sistemáticamente la intolerancia» o toda otra acción discriminatoria, se verán privados, «en el pleno respeto de la libertad de prensa», de toda forma de sostén económico.

Una señal hizo sonar más de una campana de alarma. La Asociación suiza de Medios de Comunicación declaró, sin medios términos: «La frontera entre los principios éticos de los medios y la censura ideológica es mínima». Y está a punto de ser derribada.

En 1984 George Orwell escribió: «No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución con la intención de establecer una dictadura». La siempre más evidente y omnipresente revolución ética y axiológica en marcha en Occidente no deja dudas sobre lo que pueda suceder…

Mauro Faverzanipublicado el