Infanticidio, Eutanasia y Abolición de la Patria Potestad

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(Pedro L. Llera, el 28.04.18 a las 1:24 PM) El trágico y lamentable caso de Alfie Evans, que ha conmocionado a la opinión pública mundial en la última semana, ha terminado finalmente con el fallecimiento del niño en el hospital inglés donde lo tenía prácticamente secuestrado. Descanse en paz y brille para él la luz eterna.

Contra la opinión de sus padres, las autoridades británicas determinaron que el niño tenía que morir y, tras retirarle los medios de respiración asistida, impidieron a toda costa que Alfie pudiera ser trasladado al Hospital del Niño Jesús de Roma. Y ello a pesar de que el gobierno italiano hubiera concedido la nacionalidad italiana al niño y de que se hubiera puesto a disposición del niño y de sus padres un avión medicalizado para llevar al niño hasta Roma. Todos los esfuerzos fueron inútiles. Ahora tenemos un alma más en el cielo y unos jueces y unos médicos en pecado mortal: Dios se apiade de ellos y les conceda el don de la conversión antes de que sea demasiado tarde para ellos.

El drama de Alfie, en cualquier caso, pone de manifiesto la realidad del mundo que nos ha tocado vivir y que nos aboca ante el precipicio de una cultura de la muerte que avanza como una apisonadora, amenazando con aplastarnos a todos. El lobby gay, el feminismo radical, el marxismo cultural, la ideología de género, los grupos pro-abortistas, las asociaciones que defienden la eutanasia… Todos ellos están ganando batalla tras batalla ante la pasividad de una mayoría silenciosa que parece tan alienada y tan sumisa, que no reacciona ante estos hijos de Satanás. Solo unos pocos estamos levantando la voz un día sí y otro también, sin que a nadie parezca importarle lo más mínimo.

En 1911, Pío Baroja, uno de los máximos exponentes del nihilismo ateo español, publicaba El árbol de la ciencia. En esta novela filosófica, Baroja se platea el sentido de una vida sin Dios: ¿cómo conseguimos alcanzar la paz interior – la ataraxia – y evitar el sufrimiento?

“Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz a donde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz; pero la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes, al menos aquí́, y creo que en todas partes, y el pensamiento se llena de terrores como compensación a la esterilidad emocional de la existencia”.

Hemos llegado a la última estación de la Modernidad: al callejón sin salida de la nada. Andrés Hurtado – protagonista de la novela barogiana – intenta anular la voluntad y eliminar todos los deseos, siguiendo la estela de Schopenhauer y de la filosofía budista, sin éxito alguno. Existirían dos tipos de muerte que dan fin al dolor: la física o literal, y la muerte a los deseos o a la voluntad. Hurtado, al no poder darle término al dolor mediante la renuncia a la voluntad, se ve obligado a vencer el dolor mediante la muerte: el suicidio. Hurtado no solo elige el momento de su muerte, sino también la manera en qué habría de morir: una muerte epicúrea, es decir, sin dolor, en cierto sentido placentera, una especie de liberación de la angustia:

—Ha muerto sin dolor —murmuró Iturrioz—. Este muchacho no tenía fuerza para vivir. Era un epicúreo, un aristócrata, aunque él no lo creía.

—Pero había en él algo de precursor —murmuró el otro médico.

El veneno nihilista conduce a la muerte irremediablementeEl único sentido de la vida es refocilarse en el lodo hedonista del epicureísmo. Por eso, los actuales dueños de este mundo embrutecen a las masas y pervierten a los niños con planes de “educación afectivo-sexual” que apelan a dar rienda suelta a los más bajos instintos, como único medio de ser “felices”. La hipersexualización de la sociedad responde a un plan perfectamente definido que busca pervertir a hombres, mujeres y niños – desde el jardín de infancia – para que exploren todo tipo de experiencias sexuales y busquen desenfrenadamente el placer sin vinculación alguna con el amor, que para ellos no tiene el más mínimo valor. El único sentido de la vida es “disfrutar”: del sexo, de los placeres culinarios, de las experiencias que te hacen sentir vivo y te provocan intensas descargas de adrenalina; de los viajes…

Y quien no puede “disfrutar” está de más. Si no eres productivo y no puedes vivir una vida plena de experiencias excitantes, tu vida carece de sentido y es mejor morir. Por eso apelan a la eutanasia, al suicidio asistido o al asesinato consentido como solución final. Hay un horror al sufrimiento y al dolor en la Modernidad. Por eso reclaman el “derecho a una muerte digna”, como justificación y como eufemismo nauseabundo para referirse a la forma de muerte más indigna que puede darse. Por eso Andrés Hurtado, efectivamente, es un precursor de la sociedad de la Posverdad, irracionalista y repugnante, a la que nos enfrentamos cien años después de la publicación de El árbol de la ciencia.

El nihilismo moderno ya ha decretado el “derecho al aborto”,  que asesina cada año a cientos de miles de niños no nacidos en todo el mundo. En muchos países ya han legalizado la eutanasia. Y pronto legalizarán el infanticidio, que no es sino la extensión del derecho al aborto para asesinar legalmente a los niños recién nacidos: a fin de cuentas, ¿qué diferencia hay? Puestos a asesinar niños, poco más da que estén en el vientre de la madre o fuera de él.

El caso de Alfie es muy significativo en este sentido. Pero no solo nos enfrentamos al aborto, a la eutanasia y al infanticidio. También nos vemos ante otro peligro de gran envergadura: el Estado Nihilista pretende adueñarse de nuestros hijos y arrebatarnos a los padres el derecho a la patria potestad. Los hijos ya no son un don de Dios para sus padres. Son una concesión graciosa del Estado endiosado y convertido en un ídolo todopoderoso. ¿Cómo es posible que unos jueces pudieran impedir que los padres de Alfie sacaran a su hijo del hospital, donde estaba poco menos que secuestrado legalmente? ¿Cómo es posible que unos padres no pudieran llevar a su hijo al hospital que les diera la gana o al país que ellos mismos decidieran?

La democracia liberal ha abolido la Ley Natural. Un mundo sin Dios carece de moral. Ya no hay leyes morales universales. Y una democracia liberal sin Ley Natural se convierte en una tiranía: en la dictadura del relativismo que Benedicto XVI profetizó hace ya unos cuantos años.

Pero a las tiranías hay que combatirlas. Y los católicos estamos llamados a ello. Hemos de luchar cada día por el Reino de Dios, por esa Civilización del Amor que predicara San Juan Pablo II. Frente a la cultura de la muerte, hemos de defender la cultura de la vida. Y para ello contamos con el auxilio de la gracia de Dios que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones.

Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder.

Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.

Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de él, como debo hacerlo!

Efesios, 6 10-20

Combatir contra la Modernidad Nihilista y defender la Doctrina, el Magisterio y la Tradición de la Iglesia no es una opción para nosotros: es una obligación urgente. Disponeos al combate. Cristo es el Señor de vivos y muertos, el Rey del Universo. No hay mejor Rey que Cristo ni mejor estandarte bajo el que podamos plantar batalla al Enemigo que la Cruz .

En esta batalla contra el Demonio, estamos llamados a ser verdaderos hijos de María, tal y como nos los presenta San Luis María Grignion de Montfort en su Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María:

“Pero, ¿qué serán estos servidores, esclavos e hijos de María?

Serán fuego encendido (Sal 104 [103],4; Heb 1,7), ministros del Señor que prenderán por todas partes el fuego del amor divino.

Serán flechas agudas en la mano poderosa de María para atravesar a sus enemigos: como saetas en manos de un guerrero (Sal 127 [126],4).

Serán hijos de Leví, bien purificados por el fuego de grandes tribulaciones y muy unidos a Dios. Llevarán en el corazón el oro del amor, el incienso de la oración en el espíritu, y en el cuerpo, la mirra de la mortificación.

Serán en todas partes el buen olor de Jesucristo (ver 2Cor 2,15-16) para los pobres y sencillos; pero para los grandes, los ricos y mundanos orgullosos serán olor de muerte.

Serán nubes tronantes y volantes (ver Is 60,8), en el espacio, al menor soplo del Espíritu Santo. Sin apegarse a nada, ni asustarse, ni inquietarse por nada, derramarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna, tronarán contra el pecado, descargarán golpes contra el demonio y sus secuaces, y con la espada de dos filos de la palabra de Dios (Heb 4,12; Ef 6,17) traspasarán a todos aquellos a quienes sean enviados de parte del Altísimo.

Serán los apóstoles auténticos de los últimos tiempos a quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos.

Dormirán sin oro ni plata y –lo que más cuenta– sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos (Sal 68 [67],14). Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde los llame el Espíritu Santo. Y sólo dejarán en pos de sí, en los lugares donde prediquen, el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley (ver Rom 13,10).

Por último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún mortal por poderoso que sea.

Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios (Heb 4,12); sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha, el crucifijo; el rosario en la izquierda; los sagrados nombres de Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo”.

Peleemos la buena batalla de la fe y conquistemos la vida eterna a la que hemos sido llamados. Comportémonos como verdaderos hijos de María Santísima.

¡Viva Cristo Rey!

(http://www.infocatolica.com/blog/gobiendes.php/1804281124-infanticidio-eutanasia-y-abol#more35804)

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