Fátima, la importancia de la devoción de los cinco primeros sábados

Redacciónpublicado el

A dos años de haberse conmemorado el centésimo aniversario de las apariciones de Fátima, nada mejor que recordar la práctica de los cinco primeros sábados del mes que la misma Santísima Virgen recomendó tan vivamente.

Desde la primera aparición en Cova da Iria, el 13 de mayo de 1917, Nuestra Señora pidió a los videntes el rezo cotidiano del Santo Rosario. En la aparición del 13 de junio, María Santísima dijo a Lucía que Jesús deseaba servirse de ella «para hacerse conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. A quien la abraza, prometo la salvación; y estas almas serán amadas por Dios como flores puestas por mí para adornar su trono». Cuando la Virgen terminó de decir estas palabras, Sor Lucía cuenta haber visto «frente a la palma de la mano derecha de Nuestra Señora un corazón rodeado de espinas que lo traspasaban» comprendiendo. «que este era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la humanidad y deseaba reparación».

En la tercera aparición, la del 13 de julio, Nuestra Señora, después de haber mostrado el infierno y anunciado un terrible castigo si la humanidad no se convertía, agregó: «Para impedir todo esto vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados». En la cuarta aparición del 15 de agosto, la Santísima Virgen pide: «Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno porque no hay quien se sacrifique por ellos». En la sexta y última aparición, el 13 de octubre de 1917, la Santísima Virgen se apareció a los niños de Fátima con el escapulario del Monte Carmelo. Lucía explicó después: «La Santa Virgen quería que todos llevaran el escapulario que es el signo de la consagración al Corazón Inmaculado de María. El Rosario y el Escapulario son inseparables». Las apariciones de Nuestra Señora a Sor Lucía continuaron también después del año 1917 confirmando los mensajes precedentes. El 10 de diciembre de 1925, la Santísima Virgen, teniendo a su lado el Niño Jesús sobre una nube luminosa, se aparece a Sor Lucía en su celda en la casa de las Doroteas, en Pontevedra. Nuestra Señora le pone una mano sobre el hombro mientras en otra mano tiene un Corazón circundado de espinas.

En ese momento el Niño dijo: «Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas». La Santísima Virgen después agregó: «Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación».

Esta es la gran Promesa del Corazón Inmaculado de María que se añade a la promesa de los Primeros Viernes de mes hecha por el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque. Un confesor de Lucía le preguntó por qué el número cinco. Ella dirigió la pregunta a Jesús, quien, en la noche entre el 29 y el 30 de mayo de 1930, le responde: «Se trata de reparar las cinco ofensas directas al Corazón Inmaculado de María»:

Las blasfemias contra su Inmaculada Concepción.

Las blasfemias contra su Virginidad.

Las blasfemias contra su Maternidad divina y el rechazo de reconocerla como Madre de los hombres.

La obra de quienes públicamente procuran infundir en los corazones de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada.

La obra de quienes la ofenden directamente en sus imágenes sagradas.

Podemos preguntarnos por qué Nuestra Señora eligió el día sábado. La respuesta es que desde tiempos inmemoriales este día se ha dedicado a Nuestra Señora porque, según muchos santos y teólogos, fue el de la absoluta y perfecta fe de María. Mientras Jesús era puesto en el sepulcro y los mismos Apóstoles dudaban, María iluminó con su fe las tinieblas de la Pasión. El Sábado Santo fue el día de su mayor dolor, por la pérdida de Jesús, pero también el día de una ilimitada confianza en Su victoria.

Nuestra Señora en Fátima indicó las condiciones necesarias para este triunfo. Una depende del Papa y es la consagración de Rusia a Su Corazón Inmaculado hecha en unión con todos los Obispos del mundo. La segunda condición, sin embargo, la de la difusión de la práctica de los cinco primeros sábados de mes, está dirigida a cada fiel. Ha pasado casi un siglo pero la profecía aún no se ha cumplido porque Rusia no fue consagrada según las condiciones exigidas y la práctica de los primeros sábados ha caído en el olvido. Para evitar, o al menos reducir los efectos del castigo que se cierne sobre la humanidad, recordamos a todos, individuos, familias y en particular a los sacerdotes y parroquias la necesidad de rezar y de actuar para atender las peticiones de Nuestra Señora de Fátima.

Redacciónpublicado el