Eutanasia: los aspectos obscuros de la muerte cerebral

Alfredo De Matteopublicado el

«Sofía muere a los 12 años después de tres días de agonía», es el título de las crónicas con relación al trágico accidente que sufrió una niña de Parma encontrada atrapada en el fondo de la piscina de un establecimiento balneario de Versilia -zona costera en el noroeste de la Toscana, Provincia de Lucca- por causas aún en proceso de verificación. Sofía fue socorrida, reanimada y llevada en gravísimas condiciones al hospital Opa di Massa donde los médicos hicieron todo lo posible para salvarla. Después se verificó un empeoramiento de las condiciones clínicas de la paciente, por lo cual el equipo médico decidió iniciar el procedimiento para la declaración de la muerte cerebral, como lo prescribe la ley. Después que Sofía fue declarada en estado de muerte cerebral los padres dieron su consentimiento a la extracción de los órganos, pero la abogada únicamente consintió en que se le extrajeran las córneas. (ilmessaggero.it, 17 de julio de 2019).

Ahora bien, debe tomarse en consideración que el procedimiento de evaluación de la muerte cerebral consiste en una serie de tests, entre los cuales el conocido test de apnea. A través de dicho examen se mide la capacidad del individuo de regular voluntariamente (es decir, de manera automática) la frecuencia respiratoria en determinado momento. Si, por ejemplo, decidimos detener la respiración (apnea) podemos imponer la no activación de la respiración espontánea durante un cierto lapso de tiempo (variable para cada uno de nosotros). Sin embargo, es un límite más allá del cual nuestro organismo impone a la respiración prescindir de nuestra voluntad, es decir, condena la muerte por asfixia. El test de apnea no hace otra cosa que producir un cúmulo de anhídrido de carbono en la sangre (con un valor límite que corresponde a 60 milímetros de mercurio) para verificar si se activa espontáneamente la respiración. El test prevé la desconexión del paciente del respirador automático por lo menos durante 5 minutos, lo cual debe ser repetido al menos tres veces durante el período de observación; por otra parte, el paciente no debe ingerir remedios que puedan disminuir la función respiratoria, en particular opioides y curativos. Es inútil destacar que el test de apnea tiene varias deficiencias por el simple hecho que el paciente, al cual de hecho le acaban de ser suspendidos los tratamientos, es sometido a procedimientos clínicos invasivos que pueden provocar un empeoramiento de su cuadro clínico e incluso su muerte. No hay que ser científicos o expertos en la materia para comprender que cortar la posibilidad de respirar a un individuo en condiciones críticas, durante 5 minutos y en tres oportunidades, no es precisamente lo que necesita para recuperar su salud. En este caso, es un poco como si Sofía hubiera sido varias veces sumergida en la piscina de la cual había sido sacada para verificar su capacidad respiratoria…

Afecta además a lo aleatorio de todo el proceso de la comprobación de la muerte a partir de la decisión de iniciar los procedimientos. ¿Por qué después de tres días el equipo médico decidió verificar la muerte cerebral de la paciente y no de inmediato o después de una semana o un mes? ¿Qué cambió en ese tiempo y qué elementos objetivos indujeron a los médicos a someter a la paciente a los invasivos tests de verificación en lugar de insistir únicamente con el tratamiento pertinente? Además, los exámenes predictivos de la muerte cerebral ¿son confiables más allá de toda duda razonable? ¿La muerte cerebral es verdaderamente muerte?

En realidad de algo estamos seguros: la desafortunada jovencita no murió por causas relacionadas directamente con el accidente que sufrió sino por la suspensión de los apoyos que la mantenían con vida. La ley prevé de hecho que, una vez que haya sido comprobada la llamada muerte cerebral, el paciente sea tratado del mismo modo que un cadáver. En el caso en que se haya constatado que se trata de un donante él es mantenido con vida únicamente a los efectos de preservar sus órganos. ¿Pero al menos el consenso al trasplante es realmente libre e informado? En otras palabras, la llamada donación de los órganos es verdaderamente tal? A los padres de Sofía no les fue pedido el permiso de iniciar el procedimiento de la constatación de la muerte ni fueron adecuadamente informados acerca de los riesgos que comporta dicho procedimiento. En realidad, para quien se encuentre en circunstancias análogas la única salida posible es la muerte que se quiere provocar al propio ser querido: a raíz de la extracción de los órganos o al abandono de la terapia y a la desconexión de los soportes vitales.

Alfredo De Matteopublicado el