Entrevista al P. Alfredo Morselli sobre La Verdad

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El P. Alfredo Morselli es el párroco de San Benedicto del Querceto, en la diócesis de Bolonia, Italia. Con acento (y habla fluida) típicamente emiliana, ciertamente no le falta una de las virtudes más elogiadas por los Padres de la Iglesia: la fortaleza, es decir, el coraje de decir la verdad.

Padre Alfredo Morselli, díganos algo: ¿qué juicio hacen los sacerdotes y los fieles católicos sobre este Papado?

«Los fieles están preocupados por la excesiva atención que el Papa da a los inmigrantes».

¿Y que dicen los sacerdotes?

«Mis hermanos tienen perplejidad dogmática y moral».

 ¿Qué significa?

«La ausencia de una respuesta a los dubia sobre Amoris laetitia; el problema de la intercomunión con los protestantes; la declaración de Abu Dhabi, en la cual se afirma que todas las religiones son queridas por Dios; y el próximo Sínodo sobre la Amazonía».

En palabras sencillas, ¿cuál es el problema que observa?

«Los presupuestos de teología moral que están detrás de ciertas decisiones del Pontificado».

No resulta precisamente sencillo. Explíquemelo mejor.

«La devaluación de los llamados absolutos morales».

¿Qué entiende por ello?

«Son acciones que, cometidas con deliberado consentimiento, siempre son pecado».

 

¿Y para Francisco no es así?

«Da pie a la interpretación por la cual, en determinadas condiciones, resultaría lícito cometer actos que, sin embargo, son intrínsecamente malos. Pero esta resultaría una herejía terrible».

 

¿Una herejía?

«Sí, porque desaparece la libertad del hombre. Si no es más responsable de sus acciones, porque en ciertas circunstancias no puede evitarlo, entonces ya ni siquiera es libre. Es como si Dios lo hubiera abandonado en una trampa, en la cual dejaron de existir los designios providenciales y las ayudas invencibles de la Gracia».

¿Y para ustedes sacerdotes, en el Pontificado de Francisco existe también una tendencia hacia el indiferentismo religioso?

«Bueno, es verdad que Dios quiere que todos los hombres sean religiosos. Pero Dios es católico. Y quiere que todos los hombres sean católicos. No se trata, obviamente, de imponer el catolicismo. Pero no se pueden equiparar todas las religiones».

¿Y que dice del Sínodo sobre el Amazonas?

«El temor es que cree un precedente para demoler el celibato sacerdotal, con la excusa de que es necesario administrar los sacramentos también en los lugares en los cuales no hay sacerdotes célibes».

 

¿Y no es verdad?

«Ya Paulo VI refutó esta vieja objeción, observando que doce apóstoles eran bastantes para toda la tierra. Al sacerdocio no se lo puede concebir como una administración pública, con un número de funcionarios cada cierta cantidad de habitantes. Pero hay también otro motivo de aprehensión».

¿Cuál?

«Que se legitimen los cultos del chamanismo y los de brujería de aquella población. Sus prácticas paganas. No es que uno pueda encender la vela a San Antonio y después ir al chamán a hacerse curar con hierbas alucinógenas…».

De hecho.

«Y no ha terminado».

¿Qué más hay?

«Están haciendo del Amazonas un lugar teológico. Pero los lugares teológicos son las Escrituras, los santos doctores, los concilios, la liturgia de la Iglesia… No un continente con sus bosques y sus rituales chamánicos. Es una blasfemia clamorosa».

Vayamos a los fieles. Decía que ellos están preocupados sobretodo por los inmigrantes. ¿Qué dicen?

«Reaccionan ante esta onda migratoria desordenada».

 

¿Y hacen bien?

«Bueno, existe obviamente un principio de solidaridad hacia los emigrantes. Pero la solidaridad debe practicarse de un modo prudente. Y decidir como es prudente implementar la solidaridad corresponde a quien gobierna. Existe también un principio de legalidad».

 

Es decir, ¿el gobierno está legitimado a limitar el flujo migratorio?

«Somos un País democrático. Quien tiene el Poder Ejecutivo debe determinar no lo que es justo, sino como ser justo».

La Conferencia Episcopal Italiana (CEI), por el contrario, es hostil a la línea Salvini sobre los emigrantes.

«Creo que hay una errónea tendencia a deducir del Evangelio las directrices de la política, como si el Evangelio fuera el Corán».

¿Qué quiere decir?

«Los islámicos hacen derivar directamente del Corán las leyes civiles en su enunciado particular: en cambio la doctrina de la abarca criterios de juicio y directrices de acción, de los cuales después se hacen derivar prudentemente las leyes particulares: éstas, si bien ordenadas por los mismos principios, pueden tener diversos enunciados. Por el contrario hoy se atribuye al Evangelio -como si fuera el Corán- la idea de que deben ser acogidos todos los inmigrantes, sin reglamentación alguna.

¿Y el Evangelio no dice que es necesario acoger a todos?

«Es necesario intentar acoger a todos, en la medida de lo posible. Pero, en primer lugar, es necesario evitar que la gente sea obligada a dejar su propio País».

Entonces, si no entendí mal: en primer lugar hace falta evitar que se obligue a los africanos a dejar su propio País. Si llegan, es necesario esforzarse en acogerlos, pero no de un modo indiscriminado sino practicando una solidaridad ordenada.

«Exactamente. Una solidaridad ordenada. Una solidaridad prudente. La prudencia es la virtud que encuentra el justo medio en todo. También porque una inmigración descontrolada genera una reacción por la cual, al final, también aquellos que querrían bien a los inmigrantes, son llevados a rechazarlos por exasperación».

¿Usted comparte las duras críticas a Matteo Salvini de tantos obispos o del director de Civiltà Cattolica, el P. Antonio Spadaro?

«Absolutamente no las comparto. Temo que constituya un velado apoyo al Partido Democrático por parte de la Jerarquía Eclesiástica.

¿Hasta dónde llega ese apoyo?

«El único principio no negociable ha pasado a ser la acogida a los inmigrantes».

¿Cuáles son en cambio los principios no negociables?

«Aquellos de los cuales las jerarquías católicas se olvidaron completamente: la lucha contra la eutanasia, contra la selección eugenésica, la fecundación heteróloga, el aborto libre, la eliminación de la objeción de conciencia y de la libertad de educación, el útero en alquiler, las adopciones gay, la supresión de los incentivos a las familias numerosas, el divorcio rápido. Todas estas cosas ocurrieron en ritmo de carga de caballería. Parece que el único problema es el de los inmigrantes.

¿Hizo bien Salvini en sacar el crucifijo?

«Yo no me escandalizaría. En el curso de la Historia ha habido tantos personajes que no eran santos, que eran tibios en la fe, pero que actuaron en orden a los intereses de la civilización cristiana. Constantino no era un santo cuando colocó la cruz en su estandarte; a partir de allí comenzó a cesar la persecución a los cristianos.».

Un «velado apoyo» eclesiástico al Partido Democrático, dijo usted.

«Tal cual. Un apoyo dado a la manera clerical».

¿O?

«Durante la primera República se decía: votar por un partido que sea democrático y cristiano. Adivine cuál era».

 Ah ah ah. ¿Y ahora?

«Votar por un partido que pida más Europa, que sea favorable a la acogida, etc. Y por lo tanto…

 

Voten al PD.

«Entiendo. Pero la vieja DC, al menos en teoría -en realidad cinco demócrata cristianos firmaron la ley sobre el aborto– defendía algún valor. El Partido Democrático persigue exactamente lo opuesto a los valores cristianos. La gente no entiende este apoyo.

¿No?

«No. Y como consecuencia de ello hay un distanciamiento de los fieles con relación a la jerarquía eclesiástica, también en materia religiosa».

¿En qué sentido?

«Un sacerdote que solo predica la acogida y olvida los principios no negociables ya no es más creíble. Y si no es creíble en los valores que predica, ya no es más creíble tampoco cuando ejerce su ministerio, cuando te bendice o te confiesa».

¿Se puede decir que, así como en la política la élite se distanció del pueblo, también en la Iglesia la élite católica se separó de los fieles?

«Tal cual».

Pero entonces, discúlpeme: el Papa Francisco, que al abrirse al mundo debía atraer más fieles, ¿está sufriendo el efecto contrario?

«Exactamente. Las ovejitas salieron del redil».

Usted que es valiente, explíquenos algo. Si existe tanto malestar en la Iglesia, ¿por qué se oyen tan pocas voces de desacuerdo? ¿Hay demasiado miedo?

«Sí. Y es un miedo con fundamento».

¿Por qué?

«Porque los sacerdotes no alineados son transferidos o castigados. Es una dictadura despiadada».

¿Una dictatura despiadada?

«SÍ. Una suerte de régimen chino. También hay otros que no se sienten teológicamente lo suficientemente preparados para enfrentar al acorazado mediático de la Iglesia progresista… Y entonces sufren en silencio».

Un panorama desolador.

«A medida que se jubilan, los Obispos son substituidos por otros perfectamente alineados. E incluso los seminaristas tienen dificultad de llegar a la ordenación si no se adecuaron al 100%».

Es decir, si aparecen seminaristas no alineados, ¿los echan?

«Los echan aunque recen mucho…».

blog.messainlatino.it – 17 julio 2019

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