¡En silencio para derribar el muro del silencio!

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Somos laicos católicos, provenientes de toda Italia y de todas partes del mundo. Participamos en esta manifestación a título personal o en nombre de asociaciones y de publicaciones y periódicos, unidos por el amor a la Iglesia y a sus instituciones. Estamos reunidos en este evento bajo el nombre de Acies ordinata, un título que la tradición de la Iglesia reserva a María Santísima, que reúne al ejército de sus fieles y desafía a sus enemigos: terribilis ut castrorum acies ordinata -terrible como un ejército en orden de batalla- (Cántico de los Cánticos, 6, 3; 6,9). Hijos de la Iglesia militante, estamos aquí para profesar públicamente nuestra fe católica, pero también para romper el muro del silencio. El silencio sepulcral de los Pastores de la Iglesia frente a una crisis doctrinal y moral sin precedentes.

La Iglesia de San Silvestro in Capite1, en esta plaza, contiene la reliquia de la cabeza de San Juan Bautista. El precursor del Mesías fue reducido al silencio por Herodes, pero su lengua enmudecida continúa hablando a nuestro corazón. Estamos de pie, de forma respetuosa y ordenada, para expresar simbólicamente la resistencia de quienes frente al silencio no se doblegan. Tenemos en las manos el Santo Rosario y leemos textos de la Tradición católica, porque alimentamos nuestra resistencia con la oración y el estudio, persuadidos de que solo en el recogimiento se prepara la acción.

La cumbre de los presidentes de las Conferencias Episcopales, que comienza el 21 de febrero en presencia del Santo Padre, es una ocasión histórica para abordar no solo el tema de los abusos sexuales de menores, sino el tema de la corrupción moral, que abarca toda violación de la ley divina y natural, comenzando por la terrible plaga de la homosexualidad.

El nuestro es un llamamiento a los Obispos silenciosos para que alguno de ellos tenga el coraje de romper el silencio. ¿Habrá algún pastor que osará decir la verdad al Santo Padre? La Iglesia no teme la Verdad, porque la Iglesia anuncia al mundo la Verdad de su Jefe y Fundador, Nuestro Señor Jesucristo. Es sobretodo a Él que nos dirigimos con este acto simbólico, para que en estos tiempos calamitosos, acuda en socorro de nuestra debilidad y con una sola Palabra salve a su Iglesia.

Domine ne sileas (Salmos, 34, 22) ¡Señor, no calles!

1 El sobrenombre de in capite, de la Iglesia de San Silvestre se debe a la presencia en reliquia del cráneo del Papa San Silvestre I.

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