En Francia, creciente oposición al aborto

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Francia fue uno de los primeros países europeos que legalizó el aborto. En 1975, el gobierno de centro derecha de Jackes Chirac, con el apoyo de la izquierda, aprobó la legalización de la interruption volontaire de grossesse (interrupción voluntaria de la gravidez)- un circunloquio con el cual se niega al niño el derecho a nacer. Simone Veil, Ministra de Salud, presentó ese proyecto justificándolo como un mal menor respecto a los problemas causados por los abortos clandestinos. A fin de hacer aceptable su propuesta, se abstuvo de declarar al aborto como un “derecho” y prefirió caracterizarlo como un acto dramático que debería permanecer inolvidable.

Los propugnadores de esa propuesta exhibían números exageradamente inflados, con la intención de causar la impresión de crisis, tanto en lo que decía respecto a la salud como al cumplimiento de la ley.

Paso a paso, la liberación de un crimen

Como era de esperar, la aprobación de la ley de Simone Veil marcó el comienzo de una cascada de desastres y de creciente imposiciones legislativas. En 1982, el gobierno comenzó a subsidiar parcialmente el aborto, asociando así a la población francesa a ese crimen, por medio de los impuestos. En enero de 1973, se estableció que constituía un crimen toda obstrucción al aborto, quedando sujeto, quien intentara impedirlo, a dos años de prisión y una multa de 30 mil euros. En 1999 fue autorizada la venta en las farmacias de la píldora abortiva, llamada “píldora del día después”, la cual, a partir del 2002, comenzó a ser distribuida gratuitamente a los menores de edad. En el 2001, el plazo legal para abortar fue extendido de 10 a 12 semanas y los menores adquirieron autonomía para abortar sin autorización de los padres. Aunque el aborto sea mucho más caro que un parto normal, en el 2013 comenzó a ser restituido integralmente por el Estado (impuestos). En el 2014 fueron abolidos el plazo legal previsto para un período de reflexión antes de un aborto y la necesidad de declarar situación de riesgo de muerte. En el 2017, el crimen de obstrucción al aborto se extendió también a quienes, a través de Internet, intentan disuadir a las mujeres de abortar.

El resultado de esa política infame es el de 210.000 niños abortados todos los años en Francia: un promedio de un aborto cada tres minutos. Pero esos crímenes legalizados no fueron suficientes para el lobby abortista. Ahora exige, por una parte, que sea incluido en la Constitución el “derecho” al aborto y, por otra, que sea retirada la cláusula de objeción de conciencia, mediante la cual los médicos pueden hoy en día negarse a practicar el aborto.

Tibia reacción del Episcopado y buena reacción posterior de la opinión pública

Al aprobarse esta ley en 1975, la reacción de la opinión pública, y de un modo particular la del Episcopado, lamentablemente fue muy limitada. Simone Veil escribió en sus memorias “Con la Iglesia, las cosas corrieron mucho mejor de lo que yo podría temer […]. Conversé con el prelado encargado de esos problemas en la Iglesia Católica y él no intentó disuadirme”.

Últimamente, sin embargo, los abortistas debieron enfrentar fuertes reacciones. Con un número creciente de participantes, sobretodo jóvenes, la Marcha por la Vida se realiza todos los años en Paris para pedir la derogación de la ley Veil. Los movimientos feministas están menguando y se muestran incapaces de reclutar nuevos adherentes. Es cada vez mayor el número de médicos que se niegan a practicar el aborto. En enero de 2018, por primera vez, un hospital público cesó de practicar el aborto debido a que tres de sus ginecólogos se negaron a transformarse en asesinos.

Los defensores del aborto ya están acusando el golpe recibido. El presidente de Planned Parenthood, Véronique Séhier, manifestó su inquietud en la revista “Obs” de junio de 2017: “Los opositores [al aborto] ganaron en el terreno mediático. Son jóvenes, eficaces, están activos en las redes sociales“.

En ese ineludible campo de batalla de nuestros días, el movimiento pro-vida creció y está superando a sus adversarios. Después de décadas en que millones de bebés fueron legalmente asesinados, Francia comienza a ver una luz al final del túnel. “Los hombres combaten y Dios les da la victoria” dijo Santa Juana de Arco.

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