En dos años la galaxia LGBT pierde la mitad de los apoyos

Mauro Faverzanipublicado el

Las fuertes presiones ejercidas por los grandes poderes a niveles institucionales y mediáticos, para que por medio de leyes y de publicidad, se imponga la ideología LGBT, ya no son suficientes: la gente y de un modo particular los jóvenes, de hecho, están ahora exasperados por la virulenta propaganda de género, cada vez más coercitiva. Según una investigación realizada en los Estados Unidos por Accelerating Acceptance, por ejemplo, si en el 2016 el movimiento LGBT estaba siendo “aceptado” por el 62% de la población comprendida entre los 18 y los 34 años, en el 2018 ese porcentaje se redujo a solo 35%. Perder un poco menos que la mitad de los propios partidarios en el plazo de un año significa tener una “popularidad” en caída libre. También la opinión pública femenina, en general más “receptiva” a estos temas, pasó del 65% de consentimientos en el 2016 al 52% en el 2018. Los activistas LGBT inmediatamente gritaron contra el «aumento de una retórica de odio hacia nuestra cultura», cuando en realidad lo que ocurre es que la gente verdaderamente ya no puede soportar más sus reclamos. La investigación de Accelerating Acceptance propuso a los entrevistados varias situaciones, preguntándoles como habrían reaccionado: por ejemplo, darse cuenta que a los propios hijos les están siendo dada una clase de historia LGBT o descubrir que un miembro de la propia familia o el maestro de sus propios hijos son LGBT. Quien se haya declarado «a gusto y cómodo» en el escenario propuesto fue clasificado entre los «aliados». Y precisamente en este punto la caída fue vertical: – 27% en un bienio.

Es de destacar que en el 2016, fecha de la investigación citada, había transcurrido solamente un año de aquel 26 de junio de 2015, en el cual por tan solo un voto de diferencia (5 contra 4), la Corte Suprema de los Estados Unidos de Norteamérica definió a las “nupcias” gay como un «derecho garantizado por la Constitución» y, como lo quiso fuertemente el entonces Presidente Obama, imponiendo a los 50 países de la Unión Europea que se adaptaran. En ese momento el lobby LGBT hizo una masiva inversión de dinero y de recursos en la propaganda a favor de la «inclusión transgénero», desempolvando los viejos eslóganes sobre la «igualdad de derechos» y sacando uno nuevo, «Transwomen are Women», revelándose, a posteriori, nada eficaces. Dichas presiones, tan insistentes, obtuvieron, de hecho, el efecto contrario y comenzaron a abrir los ojos de la opinión pública, cada vez más convencida de estar siendo víctima de un intento de manipulación ideológica.

A la gente no le gusta la ley sobre baños públicos transgénero, incluso querida por la administración Obama, con el riesgo implícito de que en los baños de las niñas se encuentren niños. Las escuelas públicas debieron adecuarse o habrían perdido los fondos federales. Pero de mala gana. No les gustó ni siquiera la idea de confiar a drag queens los relatos de las fábulas para los niños, ni tampoco cayeron bien los artículos ensalzando el hecho de que «también los hombres pueden quedar embarazados» o noticias como la de la docente de francés de Virginia despedida por haberse negado a dirigirse a los trans y su entorno con el «pronombre por ellos preferido». Este y muchos otros hechos demostraron como, en realidad, el movimiento LGBT, en lugar de promover una auténtica igualdad de derechos, la quieren erosionar en su fundamento.

Sarah Kate Ellis, administradora delegada y presidenta de Glaad-Gay & Lesbian Alliance Against Defamation, la organización que encargó la mencionada investigación, reconoció haber dado demasiado por descontado que los jóvenes fueran un «una baliza de los valores progresistas», pero recurrió a miles pretextos para intentar justificar el resultado, decididamente negativo, del sondeo, culpando de ello al «factor Trump» y al «factor novedad» que deriva, este último, de la escasa familiaridad con la «neo-identidad» como queer, no-binario y pansexualidad1. El movimiento LGBT ha calificado también como un «ataque» la normativa emitida en el último mes de mayo por el Ministerio de Salud, tendiente a eliminar el concepto de «identidad de género» en la definición de sexo en el texto de la ley sobre la asistencia sanitaria sostenible; disposición fundamental, en cambio, para no violar el derecho a la objeción de conciencia de los médicos y para permitirles negarse a realizar procedimientos de «reasignación de género».

Es decir, resulta cada más evidente que la gente está verdaderamente cansada de los mantra y de los pretexto LGBT, no propuestos sino impuestos a golpe de leyes, sentencias y violentas campañas mediáticas, con la intención de apagar de raíz aquellas reacciones que, de otro modo, surgirían espontáneamente. Y ello no solo en los Estados Unidos, sino en varias partes del mundo .También en Europa. No por casualidad en Polonia, por ejemplo, el Arzobispo de Cracovia, Mons. Marek Jedraszweski, comparó públicamente la ideología LGBT a «una ’epidemia», a una «amenaza para los valores y para la solidez social y familiar de nuestra Nación». No hay mucho que agregar… 

 

1 Nota de CR:

Queer es el término utilizado para referirse a orientación sexual, identidad de género o expresión de género (la manera de manifestar la masculinidad o feminidad externamente) que no está conforme con las normas sociales dictadas por la razón, el sentido común y la aceptación de la naturaleza como Dios la creó.

No binario es uno de los términos con el cual se designan a las personas cuya identidad de género no es ni enteramente masculina ni enteramente femenina.

Pansexualidad es lo que practica una persona (pansexual) que mantiene relaciones sexuales con mujeres, hombres, transexuales, intersexuales (o hermafroditas), etc.

Mauro Faverzanipublicado el