El verdadero rostro de la Amazonia y ciertas analogías inquietantes

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El Instrumentum laboris del próximo Sínodo de los Obispos dedicado a la Amazonia se esfuerza de describir aquella región como una suerte de paraíso en la tierra puesto en peligro por los malos capitalistas occidentales, un lugar idílico de cuya cultura deberíamos tomar todos los ejemplos, especialmente en lo que dice respecto a la relación entre el hombre y el ambiente natural. Pero la realidad es muy diferente.

En la Amazonia la que domina es, bajo muchos aspectos, una verdadera y propiamente dicha “cultura de la muerte” escribe Kathy Clubb en The Freedoms Project. Basta pensar en que “infanticidio y suicidio tradicionalmente han formado parte de la cultura en muchas partes de la región amazónica” y que la visión mágica de la realidad está en la base de muchos comportamientos crueles. Pero entonces ¿por qué el documento de trabajo del Sínodo pan-amazónico de octubre sugiere que la Iglesia Católica debería adoptar “un rostro amazónico?”.

Según una visión difundida, afirma Kathy Clubb, la amenaza a la vida para los pueblos amazónicos llegaría exclusivamente del moderno colonialismo occidental, acusado de favorecer el aumento de los abortos, la violencia familiar y el consumo de drogas en la zona. Pero esta visión es como mínimo parcial.

Es difícil conseguir el número preciso de infanticidios cometidos en la región amazónica, porque muchos casos no han sido informados y los esfuerzos para combatir el fenómeno son obstaculizados por una teoría política que identifica todas las intervenciones externas como imperialistas, colonialistas o patriarcales. El relativismo cultural sustenta que las poblaciones indígenas deben ser protegidas de toda acción penal por haber practicado actos culturales como el infanticidio y la eutanasia, y fruncir el ceño frente a todo intento de averiguar cuantos niños y adultos están siendo asesinados. Dichos activistas afirman que la recolección de datos es en muchos casos un intento de incriminar y expresar un prejuicio contra las poblaciones indígenas y es por tanto una nueva forma de colonialismo”.

Pero todo esto no impide que, según algunas estimaciones referidas a la Amazonia brasileña, al menos una veintena de grupos tribales aún practican el infanticidio, con cerca de cien niños asesinados cada año.

Históricamente el infanticidio ha sido tolerado por diversos motivos: como medio para liberar a las comunidades tribales, que viven en condiciones muy duras, de la carga de hacerse cargo de los miembros más débiles o garantizar que las madres estén en condiciones de ocuparse adecuadamente de los otros niños nacidos. Entonces, gemelos, niños discapacitados o enfermos han sido asesinados (y continúan siendo asesinados) después del nacimiento. Y si una madre muere en el parto, casi con toda seguridad su hijo será asesinado”.

La superstición tiene un papel en esta cultura, y también en la América Latina contemporánea. Los niños albinos, por ejemplo, son considerados malvados y son asesinados cuando se descubre su condición”.

Los niños nacidos de madres solteras en general son asesinados y es considerado aceptable asesinar el niño de un género indeseado, en particular las mujeres, pues la preferencia es por los machos”. Y es de público conocimiento que “una tribu admite el infanticidio una vez que hayan nacido cuatro hermanos del mismo género, independientemente de su sexo”.

Las mujeres Yanomámi tienen plena autonomía para decidir si sus propios hijos deben vivir o no. “La madre se retira al bosque para dar a luz y si no acoge al niño entre sus brazos es como si el niño nunca hubiera nacido”.

Se cuenta también acerca de padres que se suicidaron para no verse obligados a matar a sus propios hijos considerados no aceptables por causa de enfermedades y malformaciones o por otros motivos relacionados con las supersticiones.

Por nuestra parte, observa Kathy Clubb, todas estas circunstancias son habitualmente justificadas por los mismos exponentes del relativismo que piden la libertad para abortar. Un docente brasileño llegó a sustentar que un niño indígena, cuando nace, aún no es una persona sino que lo va a ser al término de un largo recorrido, razón por la cual en el caso de neonatos no aceptados no se puede hablar de homicidio porque es como si nunca hubiera nacido.

También la cultura del suicidio muestra inquietantes analogías con las ideas de los relativistas locales. En algunas tribus amazónicas se sustenta que la existencia humana tiene sentido si su finalidad es el suicidio, considerado el más alto de todos los valores y un camino que conduce al paraíso.

Sobre la base de esta comprensión de la vida humana esperar para envejecer no es sinónimo de sabiduría. Por este motivo en dicha cultura los ancianos no tienen el status de venerables sabios, como ocurre en otras poblaciones indígenas. Aquí son llamados hosa, una palabra que significa inútil o carga. Este es el motivo por el cual muchos intentan el suicidio y los niños aprenden desde temprana edad a vivir con la posibilidad de suicidarse. En sus juegos, niños y niñas imitan como morirán y como será su rito fúnebre. Todos saben como usar el  timbó, una especie de liana que contiene un veneno mortal. Usarlo constituye un acto de coraje. Por esta razón los padres viven con la convicción de que un día sus propios hijos podrán tomar el veneno”.

Una de las costumbres más chocantes que se encuentran en el Amazonas es, pues, el canibalismo ritual”,  documentado en la tribu Yanomami y Wari. “En un funeral colectivo y sagrado los familiares creman el cadáver del muerto y comen las cenizas de los huesos, mezclándolas con la pasta pijiguao, producida con el fruto de una especie de palmera”. Esas tribus “creen de hecho que la energía vital del difunto reside en los huesos y que así es reintegrada en el grupo familiar. Un Yanomami que mata a un adversario en territorio enemigo practica esta forma de canibalismo para purificarse”.

Es interesante destacar que Paul Erlich, autor del libro The Population Bomb y unos de los mayores defensores del control de la población, escribió en el año 2014 que ‘la superpoblación y la escasez de recursos llevarán finalmente los hombres hambrientos al canibalismo’. Recordemos que Erlich fue invitado por la Academia Pontificia de las Ciencias del Vaticano a dictar una conferencia en el año 2017 sobre la extinción biológica, con gran disgusto por parte de los fieles católicos de todo el mundo”.

En el documento Instrumentum laboris se sustenta que los males sociales, como la violencia contra las mujeres y el uso de drogas, son una consecuencia del capitalismo y de la industria extractiva, pero se olvida que “la violencia contra las mujeres forma parte de la cultura tribal de muchas de estas comunidades y que el uso de drogas en los rituales de las curaciones espirituales es un hecho común”.

El documento Instrumentum laboris sugiere que los “ritos y ceremonias son esenciales para la salud integral porque integran los diversos ciclos de la vida y de la naturaleza humana, crean armonía y equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza, protegen la vida de los males que puedan ser causados tanto por los seres humanos como por otros seres vivientes”, pero en realidad los alucinógenos son utilizados en el ámbito de una visión mágica de la realidad humana y natural, por lo que se recurre a las drogas, por ejemplo, cuando se trata de adoptar una decisión importante, resolver conflictos entre las familias y las comunidades, ejercitar sus propias capacidades divinas, aclarar misterios, encontrar a los responsables de hurtos y desapariciones, descubrir si las personas tienen enemigos o si el cónyuge es desleal o infiel. Y también desde este punto de vista tiene analogías con ciertos comportamientos adoptados en el rico y «avanzado» Occidente, el cual, habiendo perdido todo punto de referencia moral, recurre a la magia y al ocultismo.

Entonces, lejos de ser una simple cuestión de integración de la fitoterapia tradicional en la salud contemporánea, es obvio que en gran parte de la medicina popular del Amazonas es imposible separarse de los ritos paganos e incluso de involucrar la adivinación y la brujería. Si se combina con el uso de alucinógenos, todo esto se vuelve peligroso, porque implica en riesgos para la salud física y espiritual de los pacientes. Sin embargo, en lugar de advertir del peligro, Instrumentum laboris recomienda emular estas familias tribales, donde ‘… tú aprendes a vivir en armonía: entre los pueblos, entre las generaciones, con la naturaleza, en el diálogo con los espíritus’” .

Si hablamos de los males sociales del Amazonas es obvio que hay injusticias perpetradas contra los nativos, especialmente por parte de quienes quieren apropiarse de sus tierras con fines de explotación pero es incorrecto sustentar, como lo hace Instrumentum laboris, que la influencia cristiana y occidental produjo únicamente malos frutos y que la cultura occidental debería ajustarse en mayor medida al modelo pagano”.

La realidad es que gracias únicamente al trabajo de los misioneros fue posible limitar los efectos de una cultura de la muerte que dominaba sin oposición alguna.

Se podría sustentar que el asesinato de niños, el homicidio, el suicidio, etc. solo se encuentran en un puñado de tribus en la región amazónica, lo cual, obviamente, es verdad en términos numéricos. Pero el problema reside en la filosofía empleadas por estos pueblos para justificar sus propias acciones y en el hecho de que Instrumentum laboris exhorte a los católicos a adoptar esa filosofía. Entonces, mientras el sacrificio humano ha sido practicado en la zona durante cientos de años, en diversos niveles, el problema ahora es que los misioneros católicos son disuadidos de condenar esa práctica y de empeñarse en la guerra espiritual que garantizaría su propio éxito. En efecto, Instrumentum laboris aconseja a los católicos a adoptar una forma de espiritualidad diametralmente opuesta al mensaje evangélico de salvación a través de Jesucristo”.

Instrumentum laboris, “leído en el contexto de todo el documento, con su horizontalismo de inspiración marxista, el rechazo al capitalismo, la demanda de energía renovable, la dependencia de la comunicación con los espíritus de la naturaleza, la clara denuncia de la doctrina objetiva”, suscita preocupaciones de las más variadas. Pero existe un factor que resulta particularmente inquietante: “La influencia que la administración papal sufre por parte de la elite global y de su agenda de control de la población”. Si por una parte “existe la sospecha de que el Sínodo sea un vehículo para llegar a los sacerdotes casados y a las diaconisas”, por otra uno se pregunta:¿es posible que “este encuentro también se convertirá en un vehículo para un cambio en la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto, el infanticidio y la eutanasia?”.

Algunos podrían considerar temeraria y alarmista dicha pregunta. Pero ciertas analogías, no muy bajo tierra, entre la cultura amazónica y las ideas sustentadas por los paladines del control de la natalidad y de la eutanasia, legitiman alguna sospecha.

Aldo Maria Valli – 26 de agosto de 2019

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