El nuevo gobierno alemán pone a prueba el Islam

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«El Islam no pertenece a Alemania”. Quien lo declaró es nada menos que el nuevo ministro de Interior alemán, Horst Seehofer, quien, tan pronto cuanto asumió el cargo en su nuevo e importante puesto de gobierno, ha prometido dar un giro a la política en materia de inmigración, anunciando querer volver “a aplicar políticas de inmigración intransigentes, incluyendo la aplicación de un ´plan general´ para deportaciones más rápidas”.

El viernes 16 de marzo, a 169 días de las elecciones federales, Alemania de hecho pudo finalmente  formar el nuevo gobierno, que, recién nacido, ya muestra preocupantes signos de debilidad a causa de las divergencias presentes en su interior que han debido  “taparse la nariz”, para dar vida a una inédita alianza política que bloqueara el camino a la pesadilla  “populista” representada por Alternativa para Alemania (AfD).

Como informa el cotidiano “La Stampa”, la nueva Grosse Koalition de hecho no es otra cosa que un «matrimonio de conveniencia» con vista al objetivo común de gobernar y sobretodo de impedir  la llegada al poder de los partidos  anti-establishment no deseados en Bruselas: “Los líderes de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), la Unión Social Cristiana (CSU) y del Partido Socialdemócrata (SPD) han firmado las 177 páginas del programa de gobierno en una  ceremonia muy similar, por la frialdad pragmática y la sobriedad, al rito civil de un matrimonio de apuro y por conveniencia, privado de verdadero amor. Así es como lo calificó el Presidente provisorio del SPD y nuevo Ministro de Finanzas Olaf Scholz al enumerar las numerosas ventajas  del acuerdo alcanzado por su partido con el centro-derecha. Scholz ha prometido que la Grosse Koalition, la tercera liderada por Angela Merkel, regirá durante toda la legislatura y brindará ventajas concretas a todos los ciudadanos, tanto en Alemania como en el resto de Europa. Para los socialdemócratas la reforma de las instituciones de la Unión Europea y un cambio de rumbo en el campo de las finanzas, inversiones y solidaridad recíproca es el principal objetivo del nuevo gobierno».

 El matrimonio de conveniencia ha demostrado por lo tanto,  desde el primer momento, las visiones opuestas en materia de inmigración de los cónyuges recién casados, a través de las palabras pronunciadas por Horst Seehofer en su primera entrevista como ministro del Interior concedida al tabloide Bild en la cual se lee: “El Islam no pertenece a Alemania. Alemania fue forjada por el cristianismo. El cristianismo ha traído sus domingos libres y sus festividades religiosas y los ritos como Pascua, Pentecostés y Navidad». Por supuesto – ha querido destacar el ex-Gobernador de Baviera- los musulmanes que viven entre nosotros pertenecen a Alemania, pero eso no significa que nosotros debamos por este motivo renunciar a nuestras típicas tradiciones por un respeto excesivo e incorrecto”.

Observación elementa y de normal sentido común pero en contradicción con la vulgar política correcta de los últimos años según la cual, sin la menor sombra de duda «el Islam forma parte de Alemania«.

Como lo destaca el periodista Soeren Kern del Instituto Gatestone la cuestión de si el Islam pertenece o no a Alemania es en realidad una interminable controversia que, en el curso de los últimos años, ha dado vida a un encendido debate entre facciones opuestas:  “Las palabras fueron usadas por primera vez, hace más de diez años, en septiembre del 2006, por el entonces ministro del interior Wolfang Schäuble, cuando en Alemania había 3,5 millones de musulmanes, respecto a los más de 6 millones de hoy”. Hablando con miras a la Islamkonferenz, el primer congreso alemán-islámico para favorecer el diálogo entre la comunidad musulmana y el estado alemán, Schäuble declaró: «El Islam forma parte de Alemania y parte de Europa. El Islam es una parte de nuestro presente y una parte de nuestro futuro. Los musulmanes son bienvenidos en Alemania».

La pertenencia del Islam a Alemania ha sido pues confirmada, en octubre de 2010,  por el entonces presidente alemán, Christian Wulff, que, en el contexto de un discurso programático con ocasión del vigésimo aniversario de la reunificación de Alemania, proclamó que, porque millones de musulmanes estaban presentes en territorio alemán, «el Islam pertenece a Alemania«: «El cristianismo pertenece sin duda a Alemania. El Judaísmo pertenece inequívocamente a Alemania. Esta es nuestra historia judeo-cristiana. Pero ahora también el Islam pertenece a Alemania». (Der Islam inzwischen gehört auch zu Deutschland).

El estribillo islámicamente correcto fue pues hecho suyo y exaltado por Angela Merkel, la cual ha repetidamente destacado que «el Islam pertenece a Alemania». Concepto expresado, recuerda siempre Kern, durante un encuentro en enero de 2015 en Berlín con el primer ministro turco Ahmet Davutoglu, en el cual la Canciller declaró: «El ex-presidente alemán Christian Wulff dijo: «El Islam pertenece a Alemania. Esto es verdad, esta es también mi opinión”. Palabras reafirmadas seis meses después, durante el Ramadan, ocasión en que Merkel así saludó el inicio de la tradicional fiesta islámica: «Indiscutiblemente es obvio que el Islam ahora pertenece a Alemania».

En esa perspectiva de completa ósmosis política y social entre Alemania y el Islam, las declaraciones efectuadas al “Bild” por su neo compañero de gobierno Seehofer, hicieron súbitamente saltar de la silla a Merkel que, a través de su portavoz Steffen Seibert, inmediatamente tomó distancia del nuevo ministro de Interior afirmando: «En el País viven 4 millones de musulmanes y estos musulmanes pertenecen también a Alemania, así como su religión pertenece a Alemania, por tanto también el Islam. Debemos hacer de todo para  hacer positiva la convivencia entre las religiones”.

Palabras en pleno desacuerdo con las de Beatrix von Storch, representante del partido Alternativa para Alemania, que ha precisamente recordado el intrínseco carácter político del Islam que no hace distinción entre la esfera civil y la religiosa: “Muchos musulmanes pertenecen a Alemania, pero el Islam no pertenece a Alemania. El Islam es la base de una ideología política que no es compatible con la Constitución alemana”. En la misma línea también se pronunció su compañero de partido Alexander Gauland, para quien: “el Islam no es una religión como el catolicismo o el protestantismo. Del punto de vista intelectual, el Islam está siempre entrelazado con el Estado. Por esta razón la islamización de Alemania representa una amenaza».

En este sentido, pensar en integrar al Islam en el estado de derecho alemán representa una ilusión política suicida que no toma en cuenta la esencia doctrinal e histórica de la religión islámica, cuyo fin es el de someter Europa, para ellos, Dar al harb, es decir tierra de guerra, poblada por infieles, a la Sharia, la ley del Corán.

 

 

(M.V.)

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