El Ministerio de la Verdad

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El 12 de julio de 2017, escribía en este mismo blog un artículo titulado Martirio o Apostasía: Silencio de Scorsese. Perdonen que me cite a mí mismo – ya sé que no queda muy elegante – pero allí escribía lo siguiente: 

Imaginemos una sociedad dominada por una oligarquía tiránica: un pequeño grupo de iluminados – pequeño pero muy poderoso – que pretendiera cambiar el mundo, acabar con la civilización cristiana e imponer su inmoralidad, su ideología y su filosofía a todo el mundo. Pero sin que se note. Se trata de esclavizar sin que los muy cretinos se enteren de que son esclavos. Ya no hace falta recurrir a la fuerza de las armas para imponer una dictadura. Eso es muy antiguo. Hay que convertir a los ciudadanos en siervos mientras las víctimas aplauden y dan gracias por su esclavitud. Y así, todos tragan, asumen, aceptan. “Podréis hacer lo que os dé la gana, lo que os apetezca (por pervertido que pudiera resultar), lo que os guste. Así seréis felices. Dad rienda suelta a vuestros más bajos instintos. Todo vale. A cambio tendréis que apostatar, que pisotear a Dios. A cambio tendréis que adorarme“, dice Satanás.

Imaginémonos un reducido grupo de presión tan poderoso que pretendiera imponer su pensamiento único a todo el mundo, aplacando y aplastando a todos los que piensen distinto. Imaginemos una democracia en la que todos los partidos políticos pensaran lo mismo y votaran por unanimidad todas aquellas leyes positivas que pretendieran aplastar la Ley de Dios y así convertir en delincuentes a los santos: a todos cuantos se manifestaran como católicos auténticos. Imaginemos una dictadura que impusiera un pensamiento único e incuestionable, aunque mantuviera la apariencia de democracia y de pluralismomuchas siglas pero un solo pensamiento obligatorio y unanimidad en la concepción del hombre, de la vida, del mundo. Imaginemos un sistema democrático donde todos los partidos estuvieran de acuerdo en imponer las ideas del homosexualismo político, las del feminismo radical, las de la ideología de género. Imaginemos que cuantos quisieran oponerse a esas ideas quedaran fuera de la ley y fueran considerados delincuentes por no pensar ni creer lo que piensan y creen los oligarcas tiránicos.

El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía ha publicado la “Ley 8/2017, de 28 de diciembre, para garantizar los derechos, la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI y sus familiares en Andalucía“. No tiene desperdicio: todos los partidos políticos con representación en el parlamento andaluz la han aprobado por unanimidad. Están todos de acuerdo. Tómense un rato para leerla porque merece la pena. Si no, pueden leer la noticia que ha publicado InfoCatólica: Andalucía impone la ideología de género y el resto de la agenda gay. Ahora está comenzando la tramitación de la ley LGTBI a nivel nacional. Ya veremos en qué para…

Los obispos del sur de España han hecho público a este respecto un comunicado valiente sobre los peligros de esta ley que pueden leer aquí.

Otra ley con claros tintes totalitarios es la revisión que se está proponiendo de la Ley de Memoria Histórica  que criminalizará – si sale adelante – a quienes no acepten la visión de la historia que nos quieren imponer. Vamos camino de hacer realidad el Ministerio de la Verdad de Orwell. Como dice el catedrático del Historia don Rafael Sánchez Saus en su artículo titulado Vuelta de tuerca, esta nueva ley de Memoria Histórica supone “la más seria amenaza que se recuerde contra la libertad intelectual, de cátedra y de expresión sobre algo, como es la Historia, que las exige plenas. Ni el franquismo, por cierto, llegó a eso”.

Ya el 2 de agosto de 2015, un servidor escribía un artículo que se titulaba Disidencia frente a Pensamiento Único en el que afirmaba lo siguiente:

“Se ha llegado a una especie de consenso ideológico transversal. Se mantiene la ficción del pluralismo ideológico y la democracia: puedes votar a distintas opciones. El problema es que todos los partidos son en realidad el mismo partido (todos piensan en realidad lo mismo). Sólo se puede pensar de una manera y quienes se apartan de esa manera de pensar son automáticamente estigmatizados y señalados como peligrosos integristas radicales, lo que supone su muerte social».

Monseñor Reig Pla lo señala también muy certeramente en el artículo La revolución sexual global, la destrucción de la libertad“hoy queda patente que todos los partidos políticos mayoritarios presentes en el Parlamento nacional y la casi totalidad de los medios de comunicación social participan de los mismos presupuestos referentes a la antropología, la vida humana, el matrimonio y la familia”En nombre de la libertad, se acaba con la libertad: un contrasentido muy posverdadiano…

Así que, volviendo a la película de Scorsese, me encuentro ante la disyuntiva del Padre Rodrigues: ¿pisar la cruz y tragar con la ideología de los poderosos de este mundo; o aceptar la consecuencias por fidelidad a Cristo y a la santa doctrina de la Iglesia? Y esta disyuntiva afecta a todos los colegios católicos andaluces (y madrileños, murcianos, etc.).

Dados los precedentes que hemos vivido en nuestra historia reciente con la famosa “Educación para la Ciudadanía” y el estado actual de infiltración del modernismo en la Iglesia y en sus instituciones educativas, yo apostaría por una apostasía masiva y clamorosa. Así que en breve, todos los colegios católicos aceptarán, por prudencia, la imposición de las ideas del lobby homosexualista – recogidos y aprobados por la soberanía popular – en sus respectivos proyectos educativos y en sus idearios de manera explicita, tal y como manda la ley; todos aplicaremos los “recursos y estrategias para educar en la diversidad sexual, de género y familiar“.

Transformaremos los contenidos educativos que promoverán el respeto y la protección del derecho a la diversidad sexogenérica y a la expresión de género, así como a una educación no binaria, que visibilice la diversidad corporal y sexual, y la diversidad familiar. Todos garantizaremos que desde educación infantil (¡desde los 3 años!) se explique “la diversidad afectivo-sexual sin estereotipos a fin de facilitar un conocimiento objetivo y sin prejuicios, con absoluto respeto a los derechos humanos, utilizando para ello los recursos pedagógicos necesarios“. Y guardaremos bien escondidos el Catecismo y la moral de la Iglesia en un cajón para que no molesten y no nos quiten el concierto.

¿Qué hago: piso el crucifijo y reniego de Cristo y de la Santísima Virgen María, como en Silencio de Scorsese, o asumo las consecuencias de no doblegarme ante el poder? Esa es la cuestión.

Así terminaba mi artículo sobre la película de Scorsese:

¿Para qué sufrir por Cristo? Sé como el mundo, sé como todo el mundo. Acepta el aborto, aplaude la ideología homosexualista y repite lo que manda el gran inquisidor: todo vale, todo es bueno, todo es normal ¿quién eres tú para juzgar? No hay nada que sea pecado, nada que sea aberrante. Pisotea a Cristo. Di que la que tú dices que es la Santísima Virgen María es una puta (¿no es lo que hacen en sus desfiles blasfemos y sacrílegos?)Apostata. No pasa nada. ¿Para qué vas a sufrir? ¿Por qué seguir a Cristo si eso no te va a servir nada más que para que se burlen de ti, para que te desprecien, para que te insulten, para que te multen, para que te inhabiliten, para que te cierren el Colegio…? Renuncia a Cristo… Si al final, todas las religiones dicen lo mismo, todos los partidos políticos están de acuerdo en lo mismo… Lo importante es el amor, la tolerancia, vivir en paz… ¿Qué falta hace meterse en problemas? ¿Por qué empeñarse en advertir de que el pecado conduce al infierno? ¿No es mejor decir que todos van a ir al cielo y que no hay infierno? ¿No es más simpático y agradable? ¿No es mejor dejar que el Pensamiento Único se imponga en los colegios católicos, aunque vaya en contra de la Verdad, que es Cristo? ¡Apostata! Sólo es un formalismo. Lo importante es el amor. Si lo que Dios dice que es pecado mortal ahora resulta que es lo más aconsejable, pues escupamos a Nuestro Señor: si se quieren, ¿por qué no se van a poder casar? ¿por qué no bendecir a los LGTBI en la Iglesia? Lo único importante es que nos amemos. Nada de proselitismo ni de poner a unos contra otros. No es necesario ganarse a la gente hacia un bando u otro cuando tenemos tanto que compartir. Todas las religiones afirman lo mismo, todos los partidos políticos están de acuerdo…».

Jamás he discriminado a nadie por ningún motivo: ni por su raza ni por su clase social ni por su sexo o su orientación sexual ni por su ideología política. Ni lo voy a hacer. No soy perfecto pero trato de amar a todos mis semejantes cada día, procurando siempre hacer el bien a todo el mundo en todo aquello que puedo. Rezo por todos aquellos a quienes amo y también por los que no soy capaz de soportar; por los que me quieren y por los que no. Ni juzgo ni condeno a nadie. Pero, con la gracia de Dios, no voy a traicionar ni a negar a Cristo por nada del mundo. Yo vivo con la perspectiva de la vida eterna y desde ese punto de vista, no hay mayor caridad que ser fiel a la Verdad.

Toda la vida he respetado las leyes. He pagado mis impuestos. Hay que dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. El problema surge cuando el César – los poderosos de este mundo – exige que se le dé lo que es de Dios. Si el César exige que se acepten leyes incompatibles con la Ley de Dios, vamos a tener un problema. Porque yo no voy a renunciar a mis principios por mucho que se empeñen los poderosos. No voy a quemar incienso a sus ídolosY si tengo que elegir entre cumplir las leyes de los políticos o la Ley de Dios, lo tengo claro. Para mí no hay nada más precioso que las leyes del Señor: Él murió y derramó su sangre por mí, por amor a mí. Lo tengo claro.

En un estado democrático, se deben respetar los derechos humano: el derecho a la libertad de pensamiento, a la libertad de cátedra, a la libertad expresión y a la libertad religiosa… entre otros. Si no se respetan estos derechos fundamentales, recogidos en la Constitución Española en vigor, España ya no será una democracia: será una dictadura de pensamiento único, aunque tengamos una ficción de elecciones con cuatro o cinco marcas blancas, todas ellas iguales es lo sustancial. ¿Soy libre para poder manifestarme públicamente como católico? ¿Se puede seguir enseñando según la doctrina moral y la visión antropológica de la Iglesia Católica? Les ruego a los señores del poder legislativo, del ejecutivo y del judicial que me contesten. Yo no quiero poner en peligro los puestos de trabajo de mis profesores ni la viabilidad del Colegio que dirijo. Si tengo que dejar mi trabajo, lo dejaré. Pero yo no voy a apostatar. Obedeceré a Dios, con la ayuda de su gracia, antes que a los hombres.

Que el Señor me conceda la gracia de permanecer fiel hasta las últimas consecuencias. Y que la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos defienda de nuestros enemigos y nos ampare ahora y en la hora de nuestra muerte.

 

Fuente: Pedro L. Llerainfocatolica.com – 24 febrero 2018 

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