Cardenales y obispos defienden a Müller por relacionar la crisis de los abusos y la homosexualidad

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El 21 de noviembre, LifeSiteNews publicó una amplia entrevista [publicada en español por este portal, leer aquí] con el cardenal Gerhard Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que el cardenal habló sobre el problema de los abusos en general relacionándolos con la pérdida de fe y observando, también, el alto porcentaje de víctimas masculinas de los abusos sexuales por parte de sacerdotes y el problema de los sacerdotes homosexuales activos.

Estas declaraciones han causado una oleada de protestas e indignación en Alemania, tal como se puede leer en la nueva página web de la Conferencia Episcopal alemana, Katholisch.de, en la entrevista realizada al jesuita alemán, padre Klaus Mertes. Sin embargo, quien responde a las críticas no es sólo el cardenal Müller, sino también el cardenal Walter Brandmüller, el obispo Athanasius Schneider, el obispo Marian Eleganti y el padre Joseph Fessio, S.J, que han apoyado públicamente al cardenal Müller y sus declaraciones.

En sus comentarios del 23 de noviembre publicados en Katholisch.de, el padre Klaus Mertes declara que en su entrevista, el cardenal Müller demuestra que “aún no ha entendido nada”. De manera explícita se refiere a las cautelosas palabras del cardenal sobre no destruir la jerarquía sacramental de la Iglesia al hacer que los laicos supervisen desproporcionadamente a los obispos. Mertes define estas palabras como “clericalismo” y un “engreimiento clerical convertido en dogma”. Esta actitud clerical, añade, es la base del problema de los abusos. También se refiere a las palabras de Müller como “increíblemente osadas”.

Mertes contradice con fuerza la afirmación según la cual la homosexualidad tiene algo que ver con la crisis de los abusos en la Iglesia. Hay una “facción” dentro de la Iglesia, explica, que afirma que los “homosexuales son los culpables”. Para él, en cambio, lo que contribuye a este problema de los abusos es el tabú aún existente sobre la homosexualidad. Según Mertes, es una “estrategia homofóbica” decir que los “homosexuales son abusadores” y no cree en absoluto que los homosexuales deban abandonar el sacerdocio. “Desde luego, un sacerdote homosexual debe ser capaz de decir: ‘Soy  homosexual’”, explica Mertes. El jesuita alemán también ha comentado la reciente controversia Wucherpfennig (Wucherpfennig fue criticado por el Vaticano por sus ideas sobre bendecir a las parejas homosexuales y la ordenación de las mujeres), definiendo la conducta del Vaticano un “escándalo” y describiendo la decisión original del Vaticano de no apoyar la reelección del padre Ansgar Wucherpfennig como rector de la Universidad Jesuita de Frankfurt como un “abuso de poder”.

El cardenal Müller, en una primera respuesta a esta dura crítica, dice que las afirmaciones de Mertes son “insultos descarados” resultado de una “rabia ciega”; y añade que Mertes “se presenta injustamente como un experto en la cuestión de los abusos sexuales de adolescentes”. El trabajo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por otro lado, está “fundamentado por una verdadera base de datos”. Es “sencillamente una infamia utilizar los crímenes sexuales cometidos contra adolescentes y jóvenes adultos para llevar adelante algunos objetivos de la política de la Iglesia”, ha añadido el cardenal alemán. Es obvio que este jesuita “no conoce la enseñanza bíblica sobre los actos homosexuales y la absoluta atrocidad que supone violar a un adolescente”. Del mismo modo que “no se puede convertir una máquina de escribir en un piano, no se puede convertir la Palabra de Dios en su enseñanza opuesta”.

En sus observaciones adicionales acerca de Mertes, compartidas con LifeSiteNews, el cardenal Müller añade: “En su arrogancia, parece pensar que la Iglesia debe seguir a los grandes pensadores llamados Mertes, zu Eltz y Wucherpfennig, y no a Pedro, Pablo y Juan”. El cardenal rechaza este nuevo camino y afirma: “Estamos lejos de tener que ofrecer nuestro sacrificium intellectus al modesto altar casero de estos autodeclarados ídolos, siguiendo, contra nuestro propio juicio, una ideología aburrida en lugar de la brillante verdad de los Evangelios”. “Es una triste demostración del declive de la fe, y de la razón, en algunos círculos eclesiásticos alemanes que estas declaraciones de un académico don nadie puedan, sin embargo, causar la vehemente aprobación de gente de su categoría”, ha añadido Müller.

Las últimas palabras se refieren a otras manifestaciones de indignación publicadas recientemente en Alemania. Además de las críticas del padre Mertes en la página web de la Conferencia Episcopal alemana, Klaus Pfeffer, vicario general de la diócesis de Essen, filtró en su Facebook algunas partes de una reciente conferencia organizada por los obispos alemanes, de manera reservada, sobre la cuestión de los abusos sexuales, diciendo que las palabras recientes del cardenal Müller habían causado “indignación”. Añade que durante la conferencia, el profesor Dreßing -director del reciente estudio sobre los abusos sexuales en Alemania en el que proponía, en sus conclusiones, admitir a los homosexuales al sacerdocio-, declaró que el cardenal Gerhard Müller está “cimentando una moralidad sexual que está contribuyendo, en sí misma, a la violencia sexual”. Según Pfeffer, las palabras de Dreßing recibieron un “gran aplauso”.

Pfeffer afirma que las palabras de Müller son “altamente peligrosas” (brandgefährlich). En su entrada en Facebook, Pfeffer también publicó la entrevista del padre Mertes diciendo que “estoy totalmente de acuerdo con Mertes”. El periódico católico alemán Die Tagespost fue el primero en informar acerca de esta entrada en Facebook, señalando los comentarios, filtrados por Pfeffer, hechos en la conferencia, que debía ser reservada puesto que se había programado un debate sobre el tema sensible de los abusos sexuales por parte del clero.

Pfeffer es uno de esos prelados de Alemania que está a favor de ser más flexible con el celibato sacerdotal, o incluso abolirlo. Su propio obispo, mons. Franz-Josef Overbeck, ha declarado recientemente que, a la luz de la crisis de los abusos, la Iglesia católica debe reconsiderar su enseñanza sobre la moral sexual.

Como ha comentado un católico que desea permanecer en el anonimato: “El cardenal Müller parecer haber dado en el blanco con sus declaraciones recientes que señalan a la homosexualidad en la crisis de los abusos”.

LifeSiteNews se ha puesto en contacto con varios prelados y sacerdotes, a los que ha pedido un comentario sobre estos severos ataques personales contra el cardenal Müller tras su entrevista a LifeSiteNewsdel 21 de noviembre pasado.

El cardenal Walter Brandmüller, uno de los firmantes de los dubia, ha dicho que esta reacción tan violenta es “extraña”, dado que el cardenal Müller “sólo ha repetido lo que se puede leer en el Catecismo. Es la enseñanza que es válida siempre y en todas partes”, ha añadido el cardenal alemán. Además, explica que parte de esa enseñanza es que los actos homosexuales llevan al alma a perder la gracia santificadora. Que las palabras del cardenal Müller hayan causado una reacción de estas dimensiones es, para Brandmüller, o demostración de una “falta de conocimiento” o de “oposición a la enseñanza de la Iglesia”. En cualquier caso, añade, “es un síntoma alarmante de la pérdida de fe en Alemania”. “Quien ahora piense que (ya) no puede afirmar o confesar su fe, debe ser honesto y dejar de llamarse católico”, ha comentado. También ha subrayado que lo que ha hecho su hermano cardenal ha sido, sencillamente, señalar los hechos cuando ha observado que la mayoría de las víctimas de los abusos sexuales por parte de sacerdotes eran hombres. “Por el bien de las víctimas, tenemos que tomarnos en serio estos hechos y tomar las medidas oportunas”, tal como establecíael Código de Derecho Canónico de 1917 respecto a las sanciones canónicas que se imponían a los sacerdotes homosexuales activos.

El obispo Athanasius Schneider, en su declaración de apoyo, también ha dicho que el cardenal Müller lo que ha hecho es reafirmar la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad y le da las gracias por ello: “Tenemos que agradecer al cardenal Müller que haya presentado esta oportuna y necesaria reafirmación de la verdad divina, mediante la cual ha proporcionado una ayuda espiritual inestimable a muchas almas”. A la luz de estas nuevas y agresivas reacciones a la entrevista al cardenal Müller, el obispo Schneider también ha observado “un incómodo silencio en muchos obispos en relación al peligro de la difusión de la herejía homosexual”. Por desgracia, el obispo Schneider “observa una cada vez mayor difusión de la herejía homosexual dentro de la Iglesia”. Hay cada vez más personas que salen a la luz apoyando la “homo-herejía”, explica el prelado. “Disfrazan su herejía y apostasía con la expresión sofista y gnóstica de ‘un ulterior desarrollo de la doctrina moral católica’ (Weiterentwicklung der katholischen Morallehre)”.

El obispo Schneider señala también el papel del Papa Francisco a la luz del creciente problema en la Iglesia, diciendo: “Lo trágico y lamentable en esta situación es el hecho de que la Santa Sede, que es la cátedra de la verdad (cathedra veritatis), no sólo no se opone al avance de la herejía  homosexual, sino que, increíblemente, incluso asigna tareas eclesiásticas a conocidos defensores de dicha herejía”. Y añade: “Por desgracia, actualmente observamos que se está eclipsando el ejercicio Papal en su tarea de fortalecer la verdad respecto a la homosexualidad”. El obispo Schneider considera, por tanto, que con su reciente entrevista el cardenal Müller está prestando un gran servicio también al Papa.

El obispo mons. Marian Eleganti analiza en su declaración la afirmación según la cual la homosexualidad no tiene nada que ver con los abusos sexuales por parte de sacerdotes.”El sentido común de la gente no acepta fácilmente esta afirmación. Por lo tanto, la mayoría no se lo cree”, declara. “Es un hecho incontestable que el 80% de los sacerdotes abusadores de los últimos 70 años preferían adolescentes varones y seminaristas, y que han encontrado a la mayoría de sus víctimas en este grupo de personas (chicos de 12 a 18 años)”. Eleganti hace referencia al estudio reciente del padre Sullins, que demuestra el vínculo entre homosexualidad y abusos sexuales por parte del clero. El obispo Eleganti argumenta que, dado que en el conjunto de la sociedad la mayoría de los abusos son cometidos por heterosexuales, nadie pensaría que cometen estos crímenes debido a una actitud clericalista o por ansía de poder. Propone utilizar el sentido común para examinar estas cuestiones, evitar los ataques personales y permanecer a nivel del razonamiento. Pero el prelado también indica que este importante diálogo es cada vez más difícil de afrontar cuando afirma: “El vicario general Klaus Pfeffer ha dicho que las palabras del cardenal Müller son ‘altamente peligrosas’ [brandgefährlich]. Sí, en el debate cultural actual, desde luego es altamente peligroso expresar puntos de vista que se desvíen de la corriente dominante, o simplemente afirmar la verdad que muchos defienden, pero que no se atreven a expresar porque temen las consecuencias (en la calle hay artefactos incendiarios y bombas de pintura; en el ámbito de la discusión y el diálogo, te etiqueta y te odian)”.

El padre Joseph Fessio, fundador de Ignatius Press, también apoya las declaraciones recientes del cardenal Müller sobre los abusos sexuales y su relación con la homosexualidad. También él recomienda el estudio de Sullins y comenta: “Después de todo, el cardenal Müller simplemente ha expresado lo que una persona normal reconoce como algo obvio: los hombres que sienten atracción sexual por otros hombres tendrán relaciones sexuales con hombres, incluyendo chicos jóvenes, mucho más a menudo que los hombres que no se sienten atraídos por los hombres. Incluso un jesuita debería reconocer este hecho, sobre todo si tiene un doctorado en las Escrituras”.

 

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A continuación las diferentes declaraciones de apoyo tal como han sido enviadas a LifeSiteNews:

 

Cardenal Walter Brandmüller:

Es realmente extraño la indignación que han suscitado las afirmaciones del cardenal Müller sobre el problema de la homosexualidad. Después de todo, sólo ha repetido lo que se puede leer en el Catecismo. Es la enseñanza que es válida siempre y en todas partes, y concuerda exactamente con lo que está escrito en la Sagrada Escritura, incluyendo las epístolas del apóstol Pablo. Pero esta enseñanza fluye de la naturaleza de la sexualidad humana, claramente orientada hacia la procreación y el nacimiento de la vida humana.

El pecado grave de elegir libremente realizar actos homosexuales lleva a la pérdida de la gracia santificadora y, por lo tanto, a la pérdida de ser hijo de Dios. Por lo tanto, el pecado ha sido claramente juzgado. Pero no le concierne al hombre juzgar al pecador, sino a Dios, que está siempre dispuesto a perdonar cuando el pecador se acerca a Él arrepentido y resuelto a no pecar más. El perdón se concede después de la confesión en el Sacramento de la Penitencia. Esta es la sustancia de la cuestión.

Que afirmar esto suscite tanta indignación es o una falta de conocimiento, o una oposición a la enseñanza de la Iglesia. En cualquier caso, es un síntoma alarmante de la pérdida de fe en Alemania. Quien ahora piense que (ya) no puede afirmar o confesar su fe, debe ser honesto y dejar de llamarse católico. Es realmente asombroso que un problema que como máximo afecta al 0.1% de la población domine la opinión pública de manera casi obsesiva.

Fue un signo profético que el Papa Pablo VI canonizara en 1964 a 22 hombres jóvenes que fueron martirizados en Uganda entre 1885 y 1887, porque se negaron a ceder a las peticiones sexuales [sodomitas] del rey Mwamga II. Este signo ha adquirido más fuerza cuando el Papa Francisco ha canonizado al Papa Pablo VI.

El cardenal Müller sólo ha citado los hechos cuando ha dicho, en su entrevista, que en la Iglesia existe una relación entre homosexualidad y abusos sexuales. El estudio sobre los abusos sexuales llevado a cabo por los obispos alemanes también lo demuestra: casi dos tercios de las víctimas eran varones, es decir, eran víctimas de abuso homosexual. Por el bien de las víctimas, tenemos que tomarnos en serio estos hechos y tomar las medidas oportunas, tal como establecía el Código de Derecho Canónico de 1917: la mención explícita de la homosexualidad como uno de los delitos de los sacerdotes contra el Sexto Mandamiento conllevaba sanciones canónicas.

 

Obispo Schneider:

En apoyo a las recientes afirmaciones del cardenal Müller sobre la homosexualidad

En su reciente entrevista a LifeSiteNews (21 de noviembre de 2018), el cardenal Gerhard Ludwig Müller ha reafirmado clara y explícitamente la verdad de la Divina Revelación en relación a la sexualidad y, en especial, al mal intrínseco en los actos  homosexuales. Esta doctrina no es sólo una doctrina de la Iglesia sino, en primer lugar, una doctrina revelada por Dios. El Magisterio de la Iglesia sólo transmite esta doctrina como fiel administrador de algo de lo que no es dueño.

Tenemos que agradecer al cardenal Müller que haya presentado esta oportuna y necesaria reafirmación de la verdad divina, mediante la cual ha proporcionado una ayuda espiritual inestimable a muchas almas. Desde luego, tenemos que comprender las palabras del cardenal Müller como una ayuda, incluso para esas almas que están cegadas por la herejía de la homosexualidad bien a través de la difusión de este engañoso error presente ahora en la vida de la Iglesia y en la sociedad humana, o a través de la práctica personal del vicio homosexual o sodomita. Este vicio destruye, en última instancia, la paz interior de todo el que lo practique (ya que los actos homosexuales son contrarios a la naturaleza humana y la razón) y, además, pone a la persona realmente en riesgo de perder la salvación eterna.

Ha habido unas reacciones muy agresivas a las afirmaciones del cardenal Müller, procedentes de miembros del clero ofendidos, mientras se observa, por otro lado, un incómodo silencio en muchos obispos en relación al peligro de la difusión de la herejía homosexual.

Además, se observa una cada vez mayor difusión de la herejía homosexual dentro de la Iglesia. Aumenta el número de sacerdotes, a distintos niveles de la jerarquía, que salen de su escondite y, sin rubor, defienden la aceptación moral de la actividad homosexual. Disfrazan su herejía y apostasía con la expresión sofista y gnóstica de ‘un ulterior desarrollo de la doctrina moral católica’ (Weiterentwicklung der katholischen Morallehre).

En la historia sagrada ya hubo un desastroso “ulterior desarrollo” del Primer Mandamiento del Decálogo, “No tendrás a otro Dios que a mí”. Sucedió cuando el sacerdote judío Aarón fabricó el becerro de oro, permitiendo que el pueblo adorara a un ídolo. Actualmente vemos a sacerdotes, obispos y cardenales permitiendo a la gente tener la supuesta “alegría” de la danza alrededor del becerro de oro de la homosexualidad. La antigua casta histórica de los saduceos, en su mayoría sacerdotes no creyentes y políticamente correctos, revive en el nuevo clan clerical católico de quienes difunden la herejía de la homosexualidad. Estos sacerdotes y obispos no son más que “sacerdotes del régimen” y “obispos del régimen” puesto que, al defender la legitimación de la homosexualidad, revelan ser, no siervos de Cristo, sino siervos del régimen interconectado de los medios de comunicación y la política defensores de la homosexualidad. Realmente, para ser un nuevo “saduceo” o un “obispo del régimen” no hace falta tener mucho valor.

Lo trágico y lamentable en esta situación es el hecho de que la Santa Sede, que es la cátedra de la verdad (cathedra veritatis), no sólo no se opone al avance de la herejía homosexual, sino que, increíblemente, incluso asigna tareas eclesiásticas a conocidos defensores de dicha herejía.

Una de las tareas fundamentales del Sucesor de Pedro es confirmar, ante todo, a los obispos en la fe católica y divina (cf. Lucas 22, 32). Por desgracia, actualmente observamos que se está eclipsando el ejercicio Papal en su tarea de fortalecer la verdad respecto a la homosexualidad.

Cuando los obispos y cardenales no tienen miedo a ser ridiculizados o a ser arrinconados en la “periferia” eclesiástica por proclamar de manera clara e inequívoca la verdad divina sobre el mal intrínseco de la actividad homosexual y, al hacerlo, contrarrestan la herejía homosexual dentro de la Iglesia, están proporcionando una ayuda eficaz y colegial al Ministerio Petrino del propio Papa, y están llevando a cabo, al mismo tiempo, un verdadero trabajo de caridad hacia los fieles y las almas descarriadas. Esto es lo que ha hecho el cardenal Müller en su entrevista reciente a LifeSiteNews, y por su lealtad a Cristo tenemos que estar agradecidos.

25 de noviembre de 2018

+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astaná

 

Obispo Marian Eleganti:

Para quienes se oponen a la tesis que relaciona los abusos con la homosexualidad, los claros y obvios actos homosexuales, o abusos, no tienen que ver con la homosexualidad, sino más bien, con un poder excesivo (y el abuso del mismo). Como mucho, dicen que los agresores eran “sexualmente inmaduros”, un término que, según Manfred Lütz, no es un diagnóstico aprobado por la psiquiatría.

El sentido común de la gente no acepta fácilmente esta afirmación. Por lo tanto, la mayoría no se lo cree. Es un hecho incontestable que el 80% de los sacerdotes abusadores de los últimos 70 años preferían adolescentes varones y seminaristas, y que han encontrado a la mayoría de sus víctimas en este grupo de personas (chicos de 12 a 18 años).

Andrea Tornielli -periodista cercano al Papa y que defiende la tesis del clericalismo-, llega incluso a decir que los delitos del ex cardenal McCarrick no eran actos homosexuales. Es una afirmación atrevida (y protectora). Después de todo, ¿qué sacerdote heterosexual invita a hombres jóvenes a la cama de su casa de la playa? ¿No podría haber ejercido su presunto deseo de poder sobre ellos de una manera muy diferente, digamos de la “manera general habitual”? Sin duda es así. Tal vez, después de todo, los actos de abuso homosexual, según este mantra, no tienen nada que ver con la homosexualidad como tal.

Porque del mismo modo que las personas heterosexuales (responsables de la mayoría de los casos de abuso [en la sociedad]) no están obligadas por naturaleza a abusar de niños, adolescentes y adultos jóvenes, así sucede con los homosexuales.

Y este hecho tiene que ser ratificado. Somos libres. Si no fuera así, no pecaríamos. Y aquí estamos hablando de pecado, y de uno grave. Pero tenemos -tan obvios como un elefante en una habitación, que no pasa desapercibido- los patentes resultados de las estadísticas que demuestran que en el clero, el 80% de los sacerdotes con orientación homosexual han realizado actos graves. ¿Por qué? Porque los heterosexuales acosan, según sus propias preferencias, a víctimas de sexo femenino. Sin embargo, en el clero, este no es el caso de la mayoría.

Parece que se nos esté pidiendo que abandonemos el sentido común en este debate, porque supuestamente nos lleva a las conclusiones equivocadas. La sexualidad, los deseos y las necesidades afectivas, o incluso posiblemente perversas, supuestamente no tienen ningún papel, o sólo uno muy pequeño, pero ¿acaso no es un papel decisivo? ¿Y el 99,5% de quienes, en el resto de la sociedad heterosexual, son responsables de abusos sexuales (de víctimas en su mayoría femeninas)? Por lo tanto, no deberíamos hablar de “clericalismo” como explicación de la crisis actual.

Hasta ahora, por lo que yo sé, nadie ha dudado de que estos agresores han abusado de su poder, ante todo para satisfacer sus necesidades sexuales: hablo tanto de los agresores heterosexuales como de los agresores homosexuales. Sólo en el clero es supuestamente diferente. Aquí, se supone que es sólo por una cuestión de poder o clericalismo. Quién así lo crea, lo tiene más fácil. Para que nos entendamos bien: no creo, de manera general, que todos los heterosexuales o todos los homosexuales cometan abusos sexuales. Pero este mirar a otro lado políticamente correcto ante ciertas asombrosas peculiaridades del clero no es, ciertamente, la solución.

Como prueba de mi afirmación, quiero citar un estudio realizado por el padre Sullins (Ruth Institute) en los Estados Unidos. En cualquier caso, el debate debería afrontarse con respeto, tal como ha hecho el padre Sullins. Si embargo, el claro desprecio hacia el cardenal Müller que demuestran las declaraciones del padre P. Mertes, S.J (Katholisch.de) es, por desgracia, evidente y no es un buen ejemplo. No espero que me den a mí un trato mejor.

El vicario general Klaus Pfeffer ha dicho que las palabras del cardenal Müller son ‘altamente peligrosas’ [brandgefährlich]. Sí, en el debate cultural actual, desde luego es altamente peligroso expresar puntos de vista que se desvíen de la corriente dominante, o simplemente afirmar la verdad que muchos defienden, pero que no se atreven a expresar porque temen las consecuencias (en la calle hay artefactos incendiarios y bombas de pintura; en el ámbito de la discusión y el diálogo, te etiqueta y te odian).

 

Padre Joseph Fessio, S. J.:

¿Han leído ustedes esto: Sacerdote sociólogo realiza un estudio sobre los abusos sexuales por parte del clero? Acabo de terminar de leer el informe del padre Mullins sobre la relación entre homosexualidad, una subcultura homosexual en los seminarios y los abusos sexuales por parte de sacerdotes.

Me parece que la mejor manera de apoyar al valiente cardenal Müller es dar a conocer estos wissenschaftliche Ergebnisse [resultados científicos].

Después de todo, el cardenal Müller simplemente ha expresado lo que una persona normal reconoce como algo obvio: los hombres que sienten atracción sexual por otros hombres tendrán relaciones sexuales con hombres, incluyendo chicos jóvenes, mucho más a menudo que los hombres que no se sienten atraídos por los hombres. Incluso un jesuita debería reconocer este hecho, sobre todo si tiene un doctorado (PhD) en las Escrituras. O tal vez PhD realmente significa Philosophische Dummheit [estupidez filosófica].

 

InfoVaticana – 28 noviembre 2018

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