¿Cárceles francesas rehenes del islam radical?

Lupo Gloripublicado el

En Francia la policía penitenciaria está en huelga por los continuos y siempre más frecuentes ataques al que están expuestos los celadores por parte de los detenidos islamistas. Como informa de hecho la periodista Yves Mamou en el sitio del Gatestone
Institute: «En menos de diez días, un cierto número de celadores que prestan servicios en varias cárceles del país fue agredido y herido, sobre todo por islamitas reclusos por crimen de terrorismo o por pequeños delincuentes que han emprendido el camino de la radicalización. En respuesta, los agentes han bloqueado el normal funcionamiento de la mayor parte de las prisiones«.

Una verdadera y específica escalada de violencia contra el personal penitenciario, iniciada el 11 de enero de 2018 con el episodio que ha visto a «tres agentes de custodia de la cárcel de Vendin-le- Viel, en el norte de Francia» reportar lesiones leves, «después de una agresión con arma blanca por parte de Christian Ganczarki, un alemán convertido al Islam que se unió a al-Qaeda y fue el organizador del ataque a una sinagoga de Djerba, en Tunisia, en el 2002.»

La agresión continuó el 15 de enero de 2018, cuando siete agentes penitenciarios fueron víctimas de la violencia de un detenido «radicalizado» en la prisión de Mont-de- Marsan, en el sur de Francia. El 16 de enero -continúa Mamou- «un custodio de la prisión de Grenoble-Varces arriesgó perder un ojo durante una agresión. Antes de entrar en una celda el hombre llevó a cabo un control a través de la mirilla, pero de improviso un detenido intentó clavarle un bolígrafo en el ojo. Afortunadamente, el guardia no quedó herido. Siempre el 16 de enero, un detenido de 28 años recluso en la prisión de Tarascón dio un puñetazo a una supervisora en la cara. Arrestado por hurto, el hombre es sospechoso de ser un islamista sometido a radicalización«.

Las agresiones se han repetido el 17 de enero, en la cárcel de Grenoble-Varces, el 19 de enero en la prisión de Borgo, Córsega y el 21 de enero en la penitenciaría de Longuenesse y en la cárcel de Fleury-Mérogis, situada en el interior de un barrio parisino. Por último, el 22 de enero, los agentes de la penitenciaría de Craquelin, en Chateauroux, se vieron obligados a desarmar, no sin dificultad, a un detenido que al grito de «Allah Akbar» amenazaba con un cuchillo a sus propios compañeros de prisión.

Tal espiral de violencia, como anunció un comunicado del Ministerio de Justicia emitido el 22 de enero finalmente ha llevado al bloqueo de las 27 prisiones transalpinas por causa de la huelga.

Según los sindicatos, la mayoría de los 28 mil agentes en huelga ha declarado que continuará la movilización hasta que el gobierno suministre suficientes recursos para garantizar su seguridad. «Bernard», un guardiacárcel que ha pedido permanecer anónimo, así ha expresado el clima de temor con el cual debe, a pesar suyo, convivir: «Primero, hoy de mañana tenía miedo de encontrar alguien colgado en su celda. ¿Sabe de qué tengo miedo hoy? De ser asesinado, de ser despojado de todo, apuñalado por la espalda. En nombre del Islam y de Isis. Todos los días, yendo al trabajo, este temor me hace sentir mal«.(www.parismatcha.com/Acu/Societe/Les-prisons- francaises-sous- la- coupe-des- islamistes-1441511).

Según Joaquín Pueyo, ex-director de la cárcel de Fleury-Mérogis, hoy diputado, el islam radical, siempre más presente en el interior de las cárceles francesas, ha determinado un cambio decisivo en el interior de las instalaciones penitenciarias: «En el pasado, el comportamiento agresivo era relacionado con las dificultades de la vida cotidiana. Ahora, el odio y la violencia [por parte de los islamitas] se revertieron contra nuestra autoridad, nuestra sociedad y nuestros valores. No sorprende que los agentes, debiendo enfrentar la radicalización de los detenidos, se conviertan en blanco.

El fenómeno de la radicalización y del proselitismo islámico en el interior de las cárceles está hace tiempo bajo la vigilancia del personal carcelario y de la inteligencia internacional, que están preparados para captar información y truncar de raíz toda señal
de peligro. Al respecto el magistrado Francisco Cascini ha llevado a cabo un interesante estudio titulado La radicalización del terrorismo islámico. Elementos para un estudio del fenómeno del proselitismo en la cárcel, que analiza atentamente las relaciones entre la radicalización islámica y los institutos penitenciarios.

El estudio también registra el caso italiano de Domenico Quaranta, convertido al islam en la penitenciaría de Trapani y sucesivamente «arrestado en el 2002 por la realización de un atentado incendiario en Agrimento y en el interior del subterráneo de Milán, y después reconocido como imán de los detenidos acusados de terrorismo internacional en la cárcel de Ucciardone donde todavía se encuentra«.

Siempre según Cascini, la islamización de los detenidos en el sentido jihadista pasa primero a través de la radicalización, el rechazo integral de Occidente y encuentra terreno fértil en individuos frágiles que «buscan en el Islam una tregua de un pasado inquieto y creen que alguna acción, como por ejemplo la participación en un atentado suicida, puede ofrecer una oportunidad para la propia salvación y el perdón«. La mayor parte de los reclusos que abrazan el Islam en el interior de las penitenciarías, antes de su conversión conocen poco o no del todo la religión islámica y se convierten, entonces, para hacerse aceptar por la comunidad de individuos que ya son musulmanes y para adquirir/consolidar una identidad.

De los caminos y de las plazas de nuestras ciudades hasta la celda de nuestras cárceles, al grito de «Allah Akbar», el Islam confirma entonces su carácter intrínsecamente violento y su firme rechazo y odio a Occidente que ellos llaman, no por casualidad, la «Casa de la Guerra» (Dar al-Harb).

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