Aún confusión en las intervenciones del Papa Francisco

Tommaso Scandrogliopublicado el

La conferencia de prensa del Santo Padre a su regreso del viaje a Hungría y Eslovaquia suscitó, como en anteriores ocasiones similares, una profunda perplejidad y embarazo en muchos fieles. Aquí queremos destacar solo dos aspectos de esta conferencia de prensa. El primero se refiere al contenido de las afirmaciones del Papa sobre las Uniones civiles y el segundo dice respecto a la forma de las intervenciones del Pontífice.

Como es bien sabido, el Papa Francisco negó la licitud moral de los «matrimonios» homosexuales, pero se ha mostrado a favor de cualquier otro reconocimiento jurídico de las relaciones homosexuales (y no es la primera vez que esto sucede: su disposición positiva se remonta al menos a los tiempos en que fue Arzobispo de Buenos Aires). El parecer del Papa entra en colisión con las indicaciones expresadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe y contenidas en el documento del 2003 titulado Consideraciones sobre los proyectos para el reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, documento que recibió la aprobación explícita de Juan Pablo II.

En él encontramos escrito muy claramente: «Ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales […] es necesario oponerse en forma clara e incisiva. Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperación formal a la promulgación o aplicación de leyes tan gravemente injustas y, asimismo, en cuanto sea posible, de la cooperación material a nivel en el plano aplicativo»(5). Más adelante, el documento concluye así: «La Iglesia enseña que el respeto a las personas homosexuales no puede conducir en modo alguno a la aprobación de la conducta homosexual ni al reconocimiento legal de las uniones homosexuales. […] Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas con el matrimonio significaría no solo aprobar el comportamiento desviado, con la consecuencia de convertirlo en un modelo en la sociedad actual, sino también oscurecer valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad» (11 ). El rechazo expresado por la Congregación para la Doctrina de la Fe se basa en última instancia en este sencillo camino lógico: si la homosexualidad es una condición intrínsecamente desordenada, las relaciones homosexuales también lo son y, por tanto, lo que es desorden para el hombre y para la comunidad no puede legitimarse.

Pasemos al segundo aspecto que queríamos destacar y que se relaciona con la forma de las intervenciones del Papa Francisco, tanto escritas como orales, como la que tuvo lugar a su regreso de su último viaje apostólico. Ahora está bien establecido que los orígenes culturales del Santo Padre tienen sus raíces en el inmanentismo, el historicismo, la fenomenología ética, un enfoque que deja de lado la metafísica en la moral y la inspiración trascendente en la fe. En definitiva, una visión más horizontal que vertical del hombre, del mundo y de Dios. Por tanto, si el paradigma de referencia es el fáctico empírico, éste, por su naturaleza, cambia; tanto la verdad práctica, que es la moral, como la especulativa, que se refiere al ser, se torna iridiscente, transitoria y sobre todo líquida, proteica, de límites borrosos no especificados. El fluir de los acontecimientos licua, por tanto, la realidad, incluida la identidad misma de la Iglesia Católica, y por tanto, para representar este fluir es preferible utilizar un magisterio narrador, en lugar de uno definitorio (la Historia que se cuenta más tarde enseña): el primero es analítico, se pierde en lo particular y es necesariamente verboso y detallado porque tiene que describir todo y no tiene una visión general de la existencia humana, por lo que a menudo flota en la duda; el segundo es sintético porque no describe, sino que prescribe después de haber identificado la definición, porque ha identificado la identidad, es decir, la verdad sobre las cosas, sobre los hombres y sobre Dios. De ahí la alergia a las definiciones (ver la idiosincrasia de muchos ‘cattoprog’ para el Catecismo Mayor) porque quieren aprovechar la vida multiforme, formalizar lo informal. Definir de hecho significa bloquear, limitar, porque el fines es la frontera, término que se refiere a esos muros que tanto disgustan a muchos. Mejor elegir un curso y un ritmo fluvial, nunca recto, pero siempre rico en curvas y sinuosidad.

Este lenguaje biselado y oblicuo también es muy útil para perseguir algunos propósitos reformadores (más exactamente: destructivos) de la doctrina. Para no suscitar demasiados escándalos y demasiadas reacciones negativas es mejor hablar con la nuera para que la suegra entienda, es decir, mejor optar por lo implícito que lo explícito, mejor difuminar que especificar, bosquejar que definir, generalizar que especificar, narrar más que enseñar, sugerir que formar, evocar que especificar, insinuar y aludir que señalar y determinar. Aquí está el recurso frecuente e informal a metáforas (por ejemplo, la iglesia del hospital de campaña) y a anécdotas personales. De esta forma, en caso de ser llamado al tribunal de los acusados, siempre habrá una forma de defenderse afirmando que una tal herejía nunca ha sido expresada de manera explícita o clara.

Tommaso Scandrogliopublicado el